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| Caracas, jueves 01 de julio, 2004 | |||||||||||
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Valores y emociones Revolucion Musical
En Estados Unidos demandan adolescentes por bajar música ilegalmente a sus computadoras¿ ¿exageración de la industria disquera frente a inocentes travesuras juveniles? ¿Por qué los mismos padres que castigan a sus hijos si roban un disco de una tienda no se dan por aludidos cuando bajan música de Internet? Muchas veces es la ilusión de anonimato que brinda Internet, o tal vez desconocimiento de la ley. Otras veces se excusa la conducta argumentando que las disqueras explotan a los artistas, los sueldos inmorales de los roqueros, o la diferencia entre el costo de producir un CD y su precio de venta. También se plantea el tema del "fair use": durante años la industria permitió copiar canciones en casetes, basándose en que la calidad de las copias disminuía de generación en generación. Hoy en día las cosas han cambiado: una copia digital es idéntica al original y una industria que estuvo controlada por los distribuidores durante décadas está ahora en manos de los usuarios. Las disqueras subestimaron el problema desde el principio, pensaron que cerrándose a la distribución por Internet bastaría, sin prever la facilidad de las copias y equipos electrónicos cada vez mejores y más baratos. Esta falta de visión retrasó el desarrollo de sistemas de protección y permitió el cambio radical en los hábitos de consumo musicales de las nuevas generaciones. Veamos de cerca las consecuencias de todos estos avances tecnológicos: Internet acaba con el control de distribución, ya no hay que esperar a que la disquera saque un compilado de los grandes éxitos de Celia Cruz, cada quien puede construir su propia mezcla y escucharla en su reproductor de MP3 o quemarla en un CD. Cada día nuevos artistas deciden romper con los canales tradicionales de distribución y darse a conocer por Internet usando mercadeo viral, repartiendo su música entre los usuarios más fanáticos que luego se encargarán de regar la voz. Los usuarios, además de disponer de una biblioteca musical prácticamente ilimitada y la interacción con otros usuarios, poseen equipos que al volverse más sofisticados llegan a "conocer mis hábitos de uso", funciones como la selección automática de canciones entre las más escuchadas recientemente, las favoritas por género o la frecuencia de repetición de un tema pueden llevar a la máquina a recomendar temas similares, creando mezclas especiales por género musical o estado de ánimo e incluso sacar del olvido alguna favorita que tenga tiempo sin ser escuchada. ¿Por qué entonces hay tal angustia entre las disqueras? La preocupación se debe a a la evidente disminución de los márgenes y la pérdida de control del negocio, perdiendo así el poder de manipular los hábitos de uso. Dentro de la industria sólo parecieran salir ganando los promotores de los artistas al recobrar valor las presentaciones en vivo ya no como mecanismo promocional de un disco, sino para generar ingresos. Ante esta guerra avisada la industria reaccionó iniciando demandas muy visibles a piratas de variados perfiles e intentando lanzar CD con mecanismos anticopia. Otra jugada más inteligente fue llenar los CD de contenido adicional como videos, afiches, información exclusiva sobre el artista y empaques más atractivos. Se han visto obligados a bajar los precios y establecer canales legales por Internet, ofreciendo temas promocionales o clips en las páginas web de los artistas. Para los artistas, Internet se ha convertido en un mecanismo excelente de promoción, sobre todo cuando no disponen de presupuestos millonarios. Pueden desarrollar relaciones "personales" con los fanáticos, enterarse de cuáles de sus temas tienen mayor demanda, darles acceso a información privilegiada, estrenar videos, fotos, invitaciones a conciertos e incluso vender mercancía promocional. Al disminuir el precio de su música, la proporción de ingresos por los conciertos aumenta. Han surgido tres modelos básicos de negocio como respuesta a la crisis causada por las innovaciones tecnológicas en la industria de la música: compra, alquiler y los modelos híbridos. Para la compra, Apple es el líder en tecnología y popularidad con sus estilizados iPods que han reemplazado al walkman y discman en las calles de las ciudades estadounidenses. Apple cobra $1 por canción para uso en iPods, 5 computadoras y quemar CD, con este modelo el propietario sólo puede escuchar la música que compró. Napster y Rhapsody son los líderes en el alquiler: cobran $10 mensuales por acceso y downloads ilimitados. El alquiler permite escuchar lo que quiera, cuando quiera pero sólo en mi computador. Las canciones no pueden copiarse a equipos portátiles ni quemarse a CD a menos que sean compradas a $1 por canción. Los modelos híbridos combinan ambas alternativas debido a la incapacidad de trasladar la música alquilada. El panorama está por cambiar con el nuevo sistema DRM de Microsoft que ofrece suscripción a un servicio de acceso ilimitado de música que permite copiarla a equipos portátiles y de vehículos. La música puede escucharse siempre que la suscripción esté activa. De esta manera puedo llevar conmigo las canciones que alquilo y escuchar lo que quiera, cuando quiera y donde quiera pagando un monto fijo. Estos modelos de alquiler se están adoptando lentamente en los países desarrollados, superando la barrera cultural que dificulta acostumbrarse al concepto de no ser "dueño" de la música en la forma tradicional. Una de las consecuencias a largo plazo -al desaparecer definitivamente el LP y los artistas lancen música nueva constantemente- puede ser que el exceso de opciones abrume al oyente, de tal forma que comience a extrañar las imposiciones del programador de la radio o los CD con un número determinado de canciones. También puede ocurrir que surja una escala de precios en la que sean más costosas las canciones más populares, y también las categorías menos conocidas, o se cobren diferentes precios por la calidad del sonido. Dentro de este esquema, una suscripción con sonido de alta definición sería más costosa que una de MP3 altamente comprimido. Para los artistas puede haber ingresos recurrentes más duraderos ya que canciones que se escuchan toda la vida pagarán algo a los artistas siempre. La industria cinematográfica se mira en el espejo de las disqueras pues lo que ha ocurrido con la música pronostica lo que podría ocurrir con el video. Este proceso ha sido más lento porque los algoritmos de compresión para la música son más sencillos y requieren menos procesamiento que los de imagen y porque existen mejores mecanismos de protección para video que para música, pero a medida que aumenta el ancho de banda, se podrá comenzar a transmitir videos. |
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