Es mucho lo que se puede _y se debe_ decir de Soto. En primer término, diría que él fue, después de Reverón, un creador genial como muy pocas veces sucede en la cultura de un país.
Y a diferencia del genio de Armando Reverón, a Soto le correspondió vivir otra época y aceptó el reto y fue a París (y aconsejaba a sus compañeros venezolanos que hicieran el viaje) y desde aquel centro de la estética de Occidente, ensayaran ubicar su planteamiento plástico.
A pesar de las adversidades de la vida, Soto fue un hombre, un artista, con suerte. Haber tenido la oportunidad de viajar a París, en septiembre de 1950, fue un buen signo. Haber participado allí en la exposición Movimiento, en abril de 1955, fue el inicio de su consagración.
Su exposición de 1957 en Bruselas, Pinturas cinéticas y luego sus individuales en París, 1967, y en Amsterdam, en 1968, cuando presentó por primera vez su Penetrables, confirmaron su genio, su originalidad, la categoría de una obra que haría vibrar el espacio.
Soto nunca se conformó con los laureles conquistados. Su obra siempre aspiró a más. Después de los Penetrables y de los Ambientes cinéticos de 1969, que son momentos cumbres, concretó su serie de Escrituras, que es una de sus obras más maravillosas de los años setenta. Entonces ya Soto era una celebridad.
Su obra estaba representada en los principales museos de Europa, así como sería citado en numerosos libros de arte del siglo XX. En noviembre de 1974 tuvo lugar su retrospectiva en el Museo Guggenheim de Nueva York, todo un acontecimiento cuya fiesta inaugural terminó en una gran celebración en el taller de Robert Indiana.
Soto se hizo solo. Contó su talento, su constancia al trabajo y su capacidad de visionario. Si Denis René, Jean Tinguely, Pol Buri, Frank Popper, Harald Szeemann o Jean Clay fueron, en París, grandes apasionados de su trabajo, en Caracas contó con el apoyo franco de Guillermo Meneses, Alfredo Boulton, Carlos Raúl Villanueva, Alejandro Otero, Roberto Guevara o Miguel Arroyo, que en momentos precisos asumieron la difusión de su obra.
Pero además, su trayectoria no se limita a su creación plástica, sino que incluye, en sitial privilegiado, el Museo de Arte Moderno de Ciudad Bolívar, formado con su propia colección, pensando en la audiencia de su pueblo, al cual brindó originales referenciales del arte contemporáneo, sea Mondrian, Arp, Yves Klein, Poliakoff, Albers, Magnelli, Lucio Fontana, Calder, Ramírez Villamizar (estupendo maestro colombiano, recientemente fallecido), Sergio de Camargo, Gonzalo Fonseca o Narváez, entre tantas obras escogidas a conciencia.
¿Cómo recordar a Soto hoy y en lo sucesivo? El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (Maccsi) lo tenía como artista emblemático, pero el Maccsi por lo pronto no existe. Soto se planteó un arte en la escala cívica, para el disfrute cotidiano. La Progresión, en el Metro Chacaíto, está deteriorada y la Esfera, en la autopista del Este, fue destruida y las autoridades de patrimonio aún no se han enterado.