CARACAS, viernes 11 de marzo, 2005 | Actualizado hace
El ejercicio de la libertad de expresión
en Venezuela
Informe del doctor Juan Manuel Carmona
Perera
Vicepresidente regional Sociedad Interamericana
de Prensa (S.I.P.)
Reunión de Medio Año
Panamá
Marzo 2005
Señores delegados:
Se celebra esta Reunión de Medio Año en circunstancias
que no podrían ser más graves y gravosas para el
ejercicio de la libertad de expresión y de prensa en
Venezuela; y, de suyo, en un momento en que nuestras libertades
democráticas menguan aceleradamente y se compromete,
incluso, nuestra paz como nación. Y no exageramos al
afirmar esto.
Luego de que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez,
superara durante el pasado año el referéndum revocatorio
de su mandato y se hiciera de la casi totalidad de los gobiernos
regionales y municipales del país, en procesos eleccionarios
cuyas gravísimas irregularidades tardíamente confesaran
el Centro Carter y la OEA en sus informes respectivos, decidió
el Mandatario cumplir sus amenazas -a pesar de las prevenciones
realizadas al respecto por la misma OEA, la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos y organizaciones como America's
Watch -al decidir, finalmente, el asalto al Poder Judicial,
la proscripción y castigo penal de la disidencia de opinión,
el control de los contenidos de todas las programaciones que
transmite la red privada de radio y de televisión.
Así, con una mayoría simple -por ende inconstitucional-
reunida por los diputados oficialistas en la Asamblea Nacional,
fue aprobada la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de
Justicia, que eleva desde 20 hasta 32 el número de los
magistrados de dicho alto tribunal; y, con el voto de la misma
e írrita mayoría oficialista, fueron designados
los nuevos magistrados sin mediar concursos de credenciales,
omitiéndose la norma constitucional sobre participación
ciudadana, con lo cual se benefició de manera grosera
y abierta a militantes probados de la revolución.
El Magistrado elegido como nuevo Presidente del supremo tribunal,
al inaugurarse en sus funciones despejó cualquier duda
sobre la independencia de sus decisiones o sentencias, del
género que fuesen, señalando, sin rubor, que estarían
supeditadas a su condición de revolucionario y de militante
comunista; y precisando, por si fuese poco y como criterio
de lo que será su conducta pública, que `los medios
de comunicación y periodistas deben estar al servicio
de la verdad y sólo de la verdad´ y que `todo juez
que emita juicio en contra de los principios revolucionarios,
será destituido y anulada su sentencia´.
A la par, otro de los magistrados, a inicios del año
judicial en curso, expresó públicamente que:
`Tan sancionable es la conducta del agente de orden público
que abusa de su arma de reglamento y con ella quita la vida
injustificadamente a un ciudadano, como el periodista que
a través del micrófono o con la máquina impresora
agrede, ofende, difama o agravia a un ciudadano que cumple
una función dentro del Estado. En ambos casos -según
él- se viola una norma y por ello se comete un delito;
en ambos casos -adiciona el magistrado- los actores de semejantes
conductas son unos delincuentes´. `La nueva realidad
de la patria impone concebir un nuevo juez o jueza cuyo perfil
se acople a la nueva estructura institucional... sin que desmaye
ante presiones externas, como muchas veces sucede con los
medios de comunicación social cuando éstos crean
una matriz de opinión contraria a la verdad procesal,
exponiendo al funcionario al escarnio público...´.
`Que se aplique un sistema de justicia donde los jueces y
juezas actúen de acuerdo a la justicia bolivariana´.
`Quienes no se sientan identificados con ese proyecto de rescate
de la justicia, deben darse de baja´, finaliza diciendo
este magistrado del Tribunal Supremo, designado por obra de
la novísima Ley Orgánica mencionada.
Mas luego, la Asamblea Nacional, otra vez con el voto de
la mayoría simple de diputados gubernamentales, decidió
aprobar la conocida por ustedes y muy cuestionada Ley de Responsabilidad
Social de Radio y Televisión o Ley Mordaza: que estatiza
de hecho el sistema de radio y de televisión privado,
controlando sus horarios y programas, en modo tal que el Gobierno
cumpla su propósito real, antes oculto, justo el que
animó la redacción de la ley y que hoy ha revelado
el presidente Chávez, cuando comentó el objeto de
su nueva política comunicacional:
`Divulgar y contribuir a la formación e identificación
de la población con los valores, ética e ideología
de la revolución bolivariana. Desarrollar [una] estrategia
de divulgación e información hacia EEUU para neutralizar
elementos de acción imperial contra Venezuela. [Y] educar
a la población en los principios militares de disciplina,
amor a la patria, y obediencia´.
Por obra y consecuencia de la mencionada Ley de Contenidos,
el Estado no sólo podrá `expropiar´ los tiempos
de transmisión para diponerlos a su servicio, sino que,
sin mediación judicial y por razones alegadas de seguridad
nacional, también podrá suspender cualquier programa
de radio y de televisión: sin mengua de las sanciones
administrativas, civiles y penales que puedan recaer sobre
los responsables de atentar contra la misma en particular,
como medios respectivos y de los periodistas a su servicio.
Finalmente, aprobó igualmente la Asamblea una reforma
de la legislación penal sustantiva, para trasladar los
efectos punitivos de su señalada Ley Mordaza, hacia la
prensa escrita y hacia todo aquel ciudadano que opine y disienta
del credo de la revolución.
La reforma del Código Penal, en efecto, no sólo
consagra en su mayor amplitud las conocidas `leyes del desacato´;
antes bien y por sobre `criminaliza´ la disidencia política
y de opinión.
Dos artículos del texto de esta ley de reforma son más
que suficientes para ilustrar ante ustedes cuanto decimos:
`Artículo 297 A. Todo individuo que por medio de informaciones
falsas difundidas por cualquier medio impreso, radial, televisivo,
telefónico, correos electrónicos o escritos panfletarios,
pretenda causar o efectivamente cause pánico en la colectividad
o la mantenga en zozobra, será castigado con prisión
de dos a cinco años. [Omissis]'
`Artículo 508. Todo el que, con gritos o vociferaciones,
con abuso de campanas u otros instrumentos, o valiéndose
de ejercicios o medios ruidosos, haya perturbado las reuniones
públicas, o las ocupaciones o reposo de los ciudadanos,
será penado con arresto de hasta por un mes y con multa
hasta de cien unidades tributarias, aumentándose de uno
a dos meses de arresto y multa de doscientas unidades tributarias
en el caso de reincidencia en la misma infracción.
Si el hecho ha sido cometido contra la persona del Vicepresidente
Ejecutivo de la República, de algunos de los magistrados
del Tribunal Supremo de Justicia, [omissis], miembros de la
Asamblea Nacional, de los Consejos Legislativos de los estados,
[omissis], podrá imponerse arresto de tres a cuatro meses
y la multa podrá ser de hasta 500 unidades tributarias´.
El Bloque de Prensa Venezolano, organización que agrupa
en su seno a la mayoría de los medios impresos nacionales,
protestó públicamente estas leyes, por violatorias
de los derechos humanos y de la esencia misma de la democracia
y que, indefectiblemente, potencian la autocensura y la liquidación
definitiva de la libertad de expresión.
Es éste, pues, sin distorsiones, el marco dentro del
que opera la llamada `democracia bolivariana, participativa
y protagónica y Estado de Derecho y de Justicia´
que tanto vende hacia el extranjero su artífice principal:
Hugo Chávez. Y es éste el marco que sujeta nuestro
ejercicio de libertad de expresión y de prensa.
No huelga señalar que el Gobierno seguirá diciendo
que no ha cerrado medios en Venezuela. Y es que no necesita,
de suyo, cerrarlos; dada la castración a que los ha sometido
en el ejercicio de sus responsabilidades sociales de comunicación
e información, usando para ello de las formas legales,
pero vaciándolas previamente de todo contenido democrático.
La SIP ha mostrado su preocupación ante estas circunstancias
y que explican las visitas repetidas de sus autoridades a
Venezuela, entre éstas, el presidente de nuestra Sociedad,
doctor Alejandro Miró Quesada, a quien los editores venezolanos
le estamos eternamente agradecidos.
Antes de enunciarles, como es costumbre, los casos particulares
sobre violación al derecho a la libertad de expresión
y de prensa más reciente, permítasenos informarles
con crudeza y con apoyo en documentos oficiales del propio
gobierno venezolano, sobre el panorama todavía más
grave que nos espera, a los venezolanos y a los demás
países del hemisferio. Y es nuestra obligación contarles
esto, pues uno de los deberes fundamentales e históricos
de la prensa es el ejercicio del control del poder en sus
desafueros y desviaciones mediante una oportuna información
a la opinión pública, y en nuestro caso sin concesiones
en defensa de los principios contenidos en la Declaración
de Chapultepec.
Luego de unas jornadas organizadas por la Presidencia de
la República y realizadas entre los días 12 y 13
de noviembre del pasado año, el presidente Chávez
expuso ante sus seguidores y ante oficiales generales, superiores
y subalternos de la FF.AA., las líneas maestras de La
Nueva Etapa, La Nueva Estrategia de su revolución: Que
implica el tránsito desde la fase en curso, de consolidación
interna, hacia otra fase de confrontación externa y de
exportación de la revolución.
En cuanto a la consolidación de su poder interno, el
Jefe de Estado venezolano anunció la creación, con
apoyo de las misiones cubanas, de unidades de batalla endógena
para el control social y popular de la misma población.
Asimismo, ordenó, en términos exactos, perseguir
y hostigar a los opositores para impedir que se reorganicen.
Y la razón de ello huelga. Las palabras del Presidente
son más que reveladoras:
`Si no hubiésemos hecho la cedulación´ [recordemos
aquí la denuncia sobre la cedulación como venezolanos
dispuesta por el gobierno de Chávez y que benefició
a 500.000 colombianos residentes en la frontera, entre ellos
a los miembros de las FARC y del ELN, quienes votaron durante
el referéndum revocatorio presidencial]; `si no hubiésemos
hecho la cedulación -repito las palabras de Chávez-
hasta el referéndum revocatorio lo hubiésemos perdido,
porque esta gente (la oposición) sacó 4 millones
de votos´. `Y fue cuando empecé a pedirle apoyo
a Fidel... -agrega Chávez- y él me dijo: Si algo
sé yo es de eso, cuenta con todo mi apoyo´.
En el ámbito de lo económico y del control popular
sobre la sociedad, el mensaje de Chávez al que hacemos
referencia, no se ahorra en propósitos y señala
que implementarán el modelo de `cogestión´
de las empresas y avanzarán hacia la `reestructuración
del sistema de garantías y financiero privado´.
Chávez aclara luego, lo dice y no lo dice a la vez para
ser cuidadoso, sobre el destino final de sus acciones, que
se orientan sin duda a la instauración de un régimen
comunista en Venezuela, aseverando lo siguiente:
`No nos estamos planteando eliminar la propiedad privada...
Hasta allá no llegamos. No, pero nadie sabe lo que ocurrirá
en el futuro, el mundo se va moviendo... No es el momento´.
En los predicados anunciados para La Nueva Etapa, tampoco
se ahorran palabras y se describe hasta la saciedad todo cuanto
se propone el régimen bolivariano en relación con
los demás países del continente, y que el señor
Chávez tuvo la audacia de resumir en la idea de la Guerra
Mundial del siglo XXI, anunciada desde Montevideo.
El nuevo Pensamiento Militar según lo confirmara recién,
el inefable general López Hidalgo, Secretario de Defensa
de la Nación, avanzará hacia la guerra asimétrica
o de guerrillas y para ello ya se está equipando actualmente
a la FF.AA. con vistas a su primera misión, que describe
el documento sobre La Nueva Etapa así: `desarrollo de
acciones defensivas en la zona fronteriza con Colombia (...)
por la implementación del Plan Colombia´. Acciones
defensivas que han de entenderse, según tal documento
y a tenor de la exégesis que de él hizo Chávez,
como dirigidas al autor del plan en cuestión: el presidente
George W. Bush.
Junto al ordenado equipamiento de la FF.AA., lo dice el documento
oficial en cuestión, se instruyó a gobernadores
y alcaldes para que organicen la reserva militar popular;
identificando a cada `patriota´ en su caserío según
que `uno de ellos sea tirador de fusil, francotirador, o lanzador
de granadas´.
Las palabras de Chávez no son nada ambiguas ni se reducen
a amenazas. `Utilizaremos todas las estrategias posibles,
desde una defensa móvil frente al gigante hasta el ataque´,
precisa el Gobernante.
El objetivo final no aparece oculto en el papel sobre La
Nueva Etapa. Tanto que el propio Chávez anunció
a sus seguidores que `la estrategia de su revolución
es quebrar ese eje `monroísta' dominada por el Pentágono
y conformado por Bogotá-Quito-Lima-La Paz-Santiago de
Chile´.
Chávez ha declarado, en suma, que el momento de la guerra
del siglo XXI ha llegado; de donde, no sólo la estimula
y quiere como parte de la etapa de confrontación externa
y de exportación de su revolución. La idea que anida
en el fondo de su trance intelectual y que revela en su discurso
no deja espacio para las dudas.
`Creo que no es un sueño, creo que nunca antes en América
se había dado una situación como ésta. Hace
tres años atrás éramos sólo Cuba y Venezuela´.
Venezuela vive, en suma, un régimen dictatorial en cierne,
de inspiración marxista, que usa estrategias militares,
que se cubre con un manto inequívoco de populismo, y
que usa y manipula en su favor las formas legales de la democracia.
Por ello y por ahora se le permiten ciertos `lujos´ los
venezolanos a modo de disfraz o de distracción de la
opinión pública, hasta tanto logra Chávez y
su régimen afianzarse en los despropósitos.
No deben olvidar los editores del hemisferio que la suerte
de Venezuela y nuestro drama, es propio y también ajeno,
como desde ya lo anuncia Chávez en su documento sobre
La Nueva Etapa. No olviden, por ende que las grandes tragedias
de la humanidad, como nos lo muestra la historia de todos
los siglos, siempre fueron hijas de los mesianismos.
Así las cosas, estimados colegas, directivos y miembros
de la SIP, les referiré brevemente y a título enunciativo,
como es la costumbre, algunos casos puntuales que implican
violencias específicas a la libertad de expresión
y de prensa en Venezuela por hechos del Estado.
El Gobierno ha desatado una abierta y descarada persecución,
abusando inclusive del control férreo que ejerce sobre
el Poder Judicial y sobre el Ministerio Público, para
acallar a los periodistas y medios de comunicación. No
se trata de amenazas.
A la periodista Patricia Poleo, se le allanó su residencia
y se le abrió causa penal para que haga entrega de documentos
que han servido de soporte a sus últimos escritos, detallando
que el fiscal Danilo Anderson, asesinado y declarado mártir
por la revolución, fue víctima de una acción
de bandas de extorsionistas a las que, supuestamente, estuvo
vinculado. Otro tanto ha ocurrido, por motivos similares,
con la periodista Tamoa Calzadilla, quien fue ya imputada
penalvente y por requerimiento personal del propio Fiscal
General de la República y antiguo Vicepresidente de Chávez.
Fue detenido, en fecha reciente y en un aeropuerto del interior
del país, el periodista y editor del periódico El
Nuevo País, Rafael Poleo, miembro de esta Sociedad. Se
alegó la existencia de una orden de detención del
año 1991, causa en la que se le había otorgado indulto
en 1993, impresiona, pues, como excusa cierta para ejercer
una acción coercitiva que silencie definitivamente a
su hija Patricia Poleo.
También le fue dictada privación de libertad a
la periodista Ibéyise Pacheco, luego de seguírsele
juicio por difamación agravada y por haberse expresado
incorrectamente, cuando denunció el falseamiento de exámenes
universitarios por un Coronel del Ejército al servicio
de la revolución.
En otro orden, los canales de televisión más importantes,
fueron sancionados por el Ministerio de Comunicaciones a pagar
cuantiosas sumas de dinero en concepto de multas, al considerarlos
el Gobierno como instigadores, mediante sus noticias, del
paro nacional ocurrido, entre diciembre 2002 y enero del año
2003.
Fue imputado penalmente, asimismo, el periodista Napoleón
Bravo, cuyo programa de televisión, debido a las presiones
gubernamentales, fue sacado del aire, como también acaba
de ser clausurado el programa de televisión y de entrevistas
conducido por la periodista Marta Colomina a quien la Comisión
y la Corte Interamericanas de Derechos Humanos habían
dado protección con medidas cautelares. Conviene agregar
en este sentido, como periodistas del diario El Carabobeño,
que se edita en Valencia, Estado Carabobo, fueron aprehendidos
en la Base Aérea Libertador, mientras cumplían funciones
específicas, relacionadas con una manifestación,
que en su apoyo, anunciaba el señor Chávez desde
Montevideo, Uruguay. Pero los militares de guardia alegaron
que se habían tomado fotos en zona prohibida, por lo
que los obligaron a borrarlas, con el compromiso de suscribir
un acta donde se comprometían a no reincidir, como condición
para dejarlos en libertad.
No menos digno de referencia es el caso del doctor Tulio
Alvarez, destacado constitucionalista, quien dedicó un
esfuerzo cívico sin par al estudio, investigción
y prueba del fraude electoral fraguado por el Gobierno para
torcer la voluntad popular en el pasado referendo revocatorio
presidencial del 15 de agosto del pasado año; cuyas conclusiones
recogió en su informe de gestión el hoy secretario
general de la OEA, César Gaviria.
A renglón seguido, como era de esperarse, se alentó
y prohijó desde las más altas esferas gubernamentales
una iniciativa, para que el diputado oficialista y ex presidente
de la Asamblea Nacional, William Lara, incoara demanda penal
en contra del doctor Alvarez. Fundamentando la acción
judicial en un escrito publicado en el periódico. Así
es la Noticia, con la firma del susodicho abogado, donde denunciaba
un desfalco en perjuicio de empleados de la Caja de Ahorros
de la Asamblea Nacional, cuando ejercía su administración
el diputado Lara.
Esa opinión de Alvarez, inserta en la prensa y en resguardo
del derecho de sus defendidos, haciendo uso de una libertad
consagrada constitucionalmente, le ha llevado a su condenatoria
con privación de libertad, por difamación agravada
y en perjuicio del derecho a la libre expresión del pensamiento
que, formalmente, le reconoce la Constitución venezolana
y le aseguran los pactos internacionales sobre derechos civiles
y políticos.
Señor presidente y demás miembros de la SIP:
No quisiéramos concluir nuestro informe sin hacer referencia
y agradecer la distinción de que hemos sido objeto por
parte de la SIP y de su presidente, doctor Alejandro Miró
Quesada, al designarnos, en lo personal como Vicepresidente
Regional para la Libertad de Expresión en Venezuela.
Ello constituye motivo de orgullo para el Bloque de Prensa
Venezolano, que siente especial deferencia y la reconoce,
igual todo el personal del diario El Impulso que dirijo, fundado
por el abuelo don Federico Carmona en 1904 y que es hoy el
de mayor antigüedad de cuantos circulan en nuestro país.
El historial de El Impulso, en cuya dirección se han
turnado varias generaciones de la familia, se ha conservado
una invariable línea de independencia que lo ha caracterizado,
como defensor de la libertad de expresión; lo cual le
condujo a contarse entre los miembros fundadores de esta Sociedad
Interamericana de Prensa, circunstancia que nos obliga en
lo personal aún más, a corresponderles cabalmente
en los términos de la confianza que se nos ha depositado.
Panamá, marzo de 2005
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