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Caracas, viernes 17 de junio, 2005  
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Entrelíneas

Ana María Hernández

El corazón del otro


El nuevo libro de Ana Teresa Torres, El Corazón del Otro (Alfadil, Colección Alfa 7) no tiene nada que envidiarle a los mejores thrillers best-seller, incluyendo a los protagonistas del furor del momento como Dan Brown o John Grisham. Sin duda, veremos cómo pronto este texto, a medida que se dé a conocer por la técnica del boca a boca, se colocará entre los más leídos, y esperamos que entre los más vendidos.

Se trata de una novela donde lo psicológico es la esencia fundamental. Torres se vale de su experiencia como psicoterapeuta para recurrir no solamente a la exactitud en los términos propios de las patologías y los medicamentos, sino para mostrarle al lector cómo se desenvuelven las intrigas de cada uno de los personajes.

Adicionalmente, vemos que los personajes llevan nombres que evocan otras lecturas: Tom Sawyer, Elvira Madigan, John Lenon, Eleonor Rigby, Oliver Twist, y en esa suerte de "metanarración" entran en juego las alusiones y circunstancias de los legítimos propietarios de esos nombres, imbricados con otras implicaciones propias de este contexto. Por ejemplo, Tom Sawyer de pronto adquiere el nombre de Tom Canty, con las mismas intenciones de El Príncipe y el Mendigo de Dickens, el mismo que cambia de rol con el príncipe Eduardo Tudor.

El suspenso juega un factor fundamental y la lectura atrapa a tal punto de que no se puede dejar de lado. Inmediatamente, en cuanto las cartas se ponen sobre la mesa, y se anuncia el suicidio de Andrés Saudi, se desencadenan los hechos de manera trepidante, pero sin descontrol: la autora se ocupa de establecer muy bien las reglas del juego (o de la lectura), y en cada capítulo suelta pistas _unas que se enlazan inmediatamente, otras que habrá que conectar_ que poco a poco irán armando el rompecabezas hasta el final.

En todo este escenario, la psicosis, los suicidios o las muertes misteriosas y el terrible sentimiento de culpa que se suceden alrededor de otro de los personajes, Susana Saudi, van conduciendo al lector hacia otros desencadenantes.

Además de todos estos elementos, hay guiños de humor que la autora va dejando, como si se tratara de condimentos que enriquecen y aderezan mejor la narración. Por supuesto, sin vulgarizar la trama.

Lo que hay que destacar es, en esencia, que lejos de tratarse de un libro venezolano, imbuido en esta ola venezola nista que atrapa actualmente _sin duda de manera positiva_ a la cultura nacional, hay una calidad extraordinaria: Ana Teresa Torres está a la altura de los grandes del mundo en este género.



 
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