Ana María Hernández
El corazón del otro
El nuevo libro de Ana Teresa Torres, El Corazón del Otro
(Alfadil, Colección Alfa 7) no tiene nada que envidiarle
a los mejores thrillers best-seller, incluyendo a los protagonistas
del furor del momento como Dan Brown o John Grisham. Sin duda,
veremos cómo pronto este texto, a medida que se dé
a conocer por la técnica del boca a boca, se colocará
entre los más leídos, y esperamos que entre los más
vendidos.
Se trata de una novela donde lo psicológico es la esencia
fundamental. Torres se vale de su experiencia como psicoterapeuta
para recurrir no solamente a la exactitud en los términos
propios de las patologías y los medicamentos, sino para
mostrarle al lector cómo se desenvuelven las intrigas
de cada uno de los personajes.
Adicionalmente, vemos que los personajes llevan nombres
que evocan otras lecturas: Tom Sawyer, Elvira Madigan, John
Lenon, Eleonor Rigby, Oliver Twist, y en esa suerte de "metanarración"
entran en juego las alusiones y circunstancias de los legítimos
propietarios de esos nombres, imbricados con otras implicaciones
propias de este contexto. Por ejemplo, Tom Sawyer de pronto
adquiere el nombre de Tom Canty, con las mismas intenciones
de El Príncipe y el Mendigo de Dickens, el mismo que
cambia de rol con el príncipe Eduardo Tudor.
El suspenso juega un factor fundamental y la lectura
atrapa a tal punto de que no se puede dejar de lado. Inmediatamente,
en cuanto las cartas se ponen sobre la mesa, y se anuncia
el suicidio de Andrés Saudi, se desencadenan los
hechos de manera trepidante, pero sin descontrol: la autora
se ocupa de establecer muy bien las reglas del juego (o
de la lectura), y en cada capítulo suelta pistas
_unas que se enlazan inmediatamente, otras que habrá
que conectar_ que poco a poco irán armando el rompecabezas
hasta el final.
En todo este escenario, la psicosis, los suicidios
o las muertes misteriosas y el terrible sentimiento
de culpa que se suceden alrededor de otro de los personajes,
Susana Saudi, van conduciendo al lector hacia otros
desencadenantes.
Además de todos estos elementos, hay guiños
de humor que la autora va dejando, como si se tratara
de condimentos que enriquecen y aderezan mejor la
narración. Por supuesto, sin vulgarizar la trama.
Lo que hay que destacar es, en esencia, que lejos
de tratarse de un libro venezolano, imbuido en esta
ola venezola nista que atrapa actualmente _sin duda
de manera positiva_ a la cultura nacional, hay una
calidad extraordinaria: Ana Teresa Torres está
a la altura de los grandes del mundo en este género.