HACE TIEMPO que no hablamos, Juan. Al menos 10 años. Creo
que la última vez fue cuando te entrevisté en mi programa
matutino por tu libro Los medios de los medios. Desde entonces
he sabido de ti por los noticieros y algunos amigos comunes.
Han pasado muchas cosas, es verdad, y ninguno de los dos somos
exactamente aquellas mismas personas. Más que una década,
pareciera que ha sido un siglo. Yo sigo dedicado al periodismo,
eso quizás lo sabes, y te confieso que me sorprende un
poco verte como alcalde. Pero como te decía, han pasado
muchas cosas.
La última vez que te vi fue el pasado martes 10 de enero
como invitado al programa "La Hojilla". Vestías una camisa
beige clara, tipo safari, sobre una franela roja y lucías
la misma barba candado de siempre. Se te notaba muy cómodo
en tu silla giratoria. ¿Y cómo no estarlo? Estabas
en tu ambiente, poderoso, adulado por tu anfitrión, disparando
frases a mansalva con esa inteligencia corrosiva que te caracteriza.
Los dos se divertían de lo lindo con imágenes de
"Aló Ciudadano", y a pesar de las protestas de mi familia,
logré que no cambiaran el canal. Ellos asumen que mi
costumbre de saltar entre Globovisión y VTV es una excentricidad
profesional que logro tolerar por el hecho de vivir en el
exterior.
En un momento comentaron el buen humor que Leopoldo Castillo
exhibía en su programa. "¿Por qué estará
tan contento el matacura?" te preguntó Mario Silva.
"Debe ser que él mató al hijo y por eso anda feliz"
le respondiste entre risas.
Te lo juro, me costó creer lo que escuchaban mis
oídos. Esa misma mañana había hablado con
Leopoldo para decirle cuanto lamentaba la muerte de su
hijo y darle ánimos ahora que volvía al aire.
Fue un cáncer fulminante. Tú bien sabes lo dura
e inclemente que puede ser esa enfermedad, pues en tiendo
que tu padre murió de cáncer pulmonar.
No miento al decirte que hasta el agua que bebía
me supo mal. Vi el programa hasta al final, todo el
tiempo buscando algo que me explicara como habías
podido soltar esa metralla y seguir adelante. Yo sé
hasta donde puedes llegar con las palabras, he leído
muchas de tus declaraciones y comentarios, pero Juan,
esto fue demasiado.
No pude dormir. Hay cosas que quitan el sueño.
Por eso me levanté a escribir de madrugada. Desde
la primera línea me propuse esquivar cualquier
agresión, insulto o calificación. De eso
tenemos de sobra en los medios y la calle. ¡Y mira
lo que son las cosas! de pronto me di cuenta que en
lugar de buscar explicaciones era mejor seguir creyendo
que existía eso que llaman conciencia. Y me vino
una pregunta que todos deberíamos hacernos la
próxima vez que estuviésemos frente al espejo.
¿En qué clase de persona me he con vertido?
La respuesta, Juan, la puedes guardar para ti.
No espero que me la reveles la próxima vez
que nos veamos personalmente.
Y si te parece que preguntarse algo así
no viene a lugar, o que es una pendejada, o
que así es la política o que es una
pérdida de tiempo, entonces me habrás
respondido.
elibravo@bellsouth.net