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"La conquista del poder femenino en el campo de las relaciones
interpersonales se traduce en la incorporación del hombre
con la asunción de ciertas responsabilidades de
las cuales estaba excluido o desinteresado, que son las que
tienen que ver con la responsabilidades típicamente femeninas
domésticas: la crianza de los hijos, la manutención
del hogar o las actividades cotidianas".
“Sólo en la dimensión subjetiva de la clase media la mujer ha ganado mayor sensación de libertad para tomar decisiones en el ámbito de su vida personal sin tanto miedo”.
Por el contrario, en los barrios, donde habita la mayoría
de la población, Pérez dice estar convencida
de que la mujer sigue atrapada en la cultura dominante
que la reduce a ser un instrumento para dar fe mediante la
preñez de que su hombre de turno es un "macho". Esa mujer,
dice, no tiene posibilidad ninguna de decidir sobre la contracepción. Recuerda que el estudio de campo que cita arrojó datos
sobre la autopercepción de esas mujeres como individuos
que afrontan la vida como una fatalidad y no como un destino
en el que pueden elegir. En esta dinámica la mujer de
los sectores menos favorecidos entra desde la adolescencia
y luego ya no puede salir de ella. Sin embargo, dice que la
escolaridad prolongada tiene una incidencia importante en
cambiar o posponer ese sino. "No hay ninguna condición de vida que ayude a que la
percepción de sí mismas sea la de un ser íntegro,
autónomo, consciente, responsable y con capacidad para
decir no". Falta de ética pública Pérez Schael lamenta que en el caso de Venezuela la
cultura machista y cuartelaria dominante no les ha dado a
las mujeres la prioridad como para que se conviertan en el
foco de atención de las políticas públicas. "Pero no se trata de darles el dinero de una beca o una misión,
sino darles el recurso para que sean autónomas y para
que puedan percibirse en relación con los hombres en
un plano de igualdad y no meramente como presas de un problema
simbólico del hombre que exige que su simiente dé
fruto". Insiste en que se trata de un problema de ausencia de ética
pública, entendida esta como "el juicio que públicamente
podemos considerar valioso en una sociedad y esto se convierte
en un valor orientador de comportamientos morales", mientras
que la moral la define como "los valores y las creencias que
uno como ser humano tiene en el universo de su vida personal
y privada". La profesora admite ser "pesimista" al analizar el tema del
papel de la mujer y cree que faltan siglos por sumarse a los
otros tantos que han transcurrido en la evolución del
tema. Confiesa tener siempre presente una pregunta para la
que aún no tiene respuesta: ¿Los espacios que las
mujeres ganan en forma más sistemática en los espacios
públicos es porque las mujeres se los han ganado o es
porque los hombres han cedido esos espacios para dedicarse
a otros? "Cuando empecé a ver en las universidades que aparecían
decanas y candidatas a rectoras me pregunté si eso se
explicaba ¿porque las mujeres adquirían poder o
porque las universidades perdían poder? Y cita profesiones
y oficios que en las últimas décadas han sido copados
por las mujeres. "¿Dónde están los hombres?", se pregunta y se responde: "Quizás los hombres van a terminar en los lados del terrorismo y de la guerra. A mí me da mucha curiosidad saber eso, para poder decir con plena convicción que las mujeres de verdad han adquirido poder. En el ámbito personal sí hay una situación radicalmente distinta, pero en el espacio público está por verse. Yo tengo ese enigma".
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