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A la hora de escoger la profesión del futuro, las bachilleres han diversificado sus gustos y con el transcurrir de los años han incursionado en opciones académicas que tradicionalmente eran feudos de los hombres. Lo que antes era una excepción, una mujer estudiando Ingeniería, ahora luce común, por ejemplo. Esta reorientación profesional fue producto de la reconfiguración social y económica del país que permitió ampliar los campos de estudios de la mujer, que si bien no estaban cerrados per se no era común su incursión por pautas más que todo sociales. Es en la década de los setenta cuando se inicia esa transformación, la cual ha ido in crescendo hasta la actualidad, tal como apunta Sierra Escalona en su trabajo "Más mujeres graduadas y menos mujeres ocupadas". El más reciente informe de la OPSU evidencia esta propensión
con una importante matriculación en las áreas de
ciencias básicas, tecnología y ciencias sociales.
Al tiempo que en Educación y Ciencias de la Salud es
notable la presencia femenina sobre la masculina. En los estudios
cortos acontece la misma situación, con una mayor matrícula
en Informática, Electrónica, Electricidad, Diseño
Gráfico y las Ciencias Básicas. En las áreas de Ingeniería, Arquitectura y Tecnología,
donde converge buena parte de la oferta académica orientada
hacia el desarrollo científico y productivo del país,
se evidencia la intensiva incursión de las bachilleres.
Así tenemos que para 2000 se registraron 34 mil 667 personas.
Tres años después esa cifra aumentó a 91 mil
640, en carreras largas y cortas. El crecimiento en estos
ámbitos de estudios es la prueba palpable de que las
aspiraciones profesionales de la mujer venezolana apuntan
hacia sectores que exigen una rigurosa preparación académica,
pero que por igual ofrecen amplias posibilidades de desarrollo
humano y socioeconómico. Si bien en su mayoría los cargos gerenciales aún
recaen en los hombros masculinos, cada vez la mujer pisa más
fuerte en su aspiración de ocupar esas jerarquías.
Situación que se pone de manifiesto con la creciente
feminización de la gerencia venezolana. Este es el resultado
de la preferencia hacia las profesiones del área de las
ciencias económicas y sociales -Economía, Administración,
Contaduría y Estadística. Conocimientos que
posteriormente se potencian con estudios de cuarto nivel,
donde por igual es palmaria la preponderancia de las profesionales.
Las ciencias sociales y económicas -de cinco años
de estudios- acogieron a 83 mil 919 venezolanas según
el índice del año 2000. Esa cifra se incrementó
a 125 mil 920 en 2003 para la opción de carrera larga.
En cuanto a los cursos de tres años la población
total fue de 83 mil 985 personas. El pregrado de las carreras asociadas al área educativa
es un territorio históricamente femenino. Si bien en
los últimos años se han incrementado los bachilleres,
la proporción con respecto a las mujeres aún es
pálida. El último estudio contabilizó 150 mil
232, de una población total de 187 mil 423 estudiantes.
En el resumen del año 2000 se contabilizaron
61 mil 108 en la carrera. El área de las ciencias de la salud no se queda atrás.
La vocación femenina de ayudar al prójimo y de adentrarse
en el mundo de la ciencia en sus diversas especializaciones
-Medicina, Enfermería, Bioanálisis, Farmacia, Odontología,
Nutrición y Dietética-. En el compendio de
2000 se contabilizaron 17 mil 947 damas, de una
matrícula total de 32 mil 292 venezolanos. En 2003 esa
cifra saltó a 36 mil 258 alumnas, representando alrededor
de 80% de los estudiantes del país. En resumen, se vislumbra que son múltiples las opciones
profesionales que tienen a mano las mujeres en Venezuela.
Oferta que se traduce por igual en un amplio número de
instituciones universitarias y tecnológicos, que suman
alrededor de 200 centros de estudios, sin contar con las extensiones.
En ese sentido, si de vocación y aspiraciones profesionales
se trata, las féminas tienen un fértil terreno académico
para desarrollarse. |



