Contra algo más que un techo de cristal
La pobreza lleva género y rostro de mujer. El mundo debe terminar con ese oscuro círculo
Carmen Rosa Gómez
 

A comienzos de los años noventa una inquietud quedó plasmada en un artículo de Gabriel García Márquez. "Lo único realmente nuevo que podría intentarse para salvar la humanidad en el siglo XXI es que las mujeres asuman el manejo del mundo". Y posiblemente eso que escribió el Gabo ocurra en los próximos cien años, una vez que se logre romper el círculo gracias al cual la mayoría de las personas que viven hoy en pobreza, desempleo o con malas remuneraciones son precisamente las mujeres.

El llamado Glass Ceiling o Techo de Cristal es una fórmula que ha tratado de representar a esa serie de factores, casi etéreos, debido a los cuales la mujer no logra escalar a posiciones de alto rango, llegar al centro del poder y de la toma de decisiones.

Aunque organismos internacionales sostienen que se han dado hechos sustanciales que indican un avance del género femenino en el mundo laboral y hacia su dignificación social, las cifras son decepcionantes. El Banco Mundial reporta que dos tercios de los analfabetos del planeta son mujeres y niñas, y que 70% de las mujeres viven en pobreza.

Las trabajadoras apenas suman 40% de la población económicamente activa en las       áreas urbanas de América Latina y sólo han podido acceder a entre 1 y 3% de los puestos ejecutivos de las más grandes empresas, revela la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Diez años atrás estas estadísticas eran peores.

Temas pendientes

Diversos países avanzan hacia el establecimiento de normas que garantizan la equidad familiar y laboral de los trabajadores hombres y mujeres, pero se enfrentan al gran reto de no crear una letra legislativa que termine traduciéndose en costos para las empresas y, en consecuencia, en una forma de discriminación hacia uno u otro género.

Las proyecciones demográficas hacen más pronunciada la tendencia actual según la cual las mujeres viven más años y suelen sobrevivir a sus compañeros. Este elemento se está incorporando a las discusiones para revisar los sistemas de seguridad social y, en especial, de pensiones para que atiendan adecuadamente las necesidades femeninas.

 

Palabra empeñada
Según la OIT, actitudes y prejuicios organizativos arman el entramado de ese freno social. Factores culturales, que terminan traduciéndose en discriminación, son el elemento clave de esta realidad.

Cada día más mujeres se incorporan como piezas fundamentales a la economía mundial, pero siguen siendo únicas responsables de sus hogares y cargan con el peso de la maternidad, lo que, además de las responsabilidades que implica, hace que muchos empleadores las vean como un costo laboral indeseado. Para la OIT este hecho sirve para justificar la diferencia de casi 36% en los sueldos entre hombres y mujeres en América Latina.

Existen compromisos claros por parte de ciertas naciones para tratar de romper esta situación y garantizar la equidad entre hombres y mujeres.

En los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio, fijados el año 2000 por los miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como reto para el 2015, se estableció la necesidad de equidad entre los géneros y de autonomía de la mujer. Se concluyó que este punto es básico para el crecimiento económico y para reducir la pobreza. Pero hay un gran pesimismo acerca de la posibilidad real de que se cumpla la meta en la fecha prevista.

El BM habla de que faltan esfuerzos por parte de los gobiernos para alcanzar resultados en este sentido. Se requieren apoyo financiero y voluntad política para acometer la tarea.

Tubo de ensayo
En la Unión Europea, por ejemplo, hacen lo propio para avanzar hacia "la participación equilibrada de hombres y mujeres en la actividad profesional y en la vida familiar".

Se han propuesto, entre otras cosas, un reparto equilibrado entre los trabajadores -hombres y mujeres- de los cuidados que deben prestar a los hijos y a otras personas que son dependientes de ellos. Es decir, que intentan repartir las cargas tanto laborales como familiares entre ambos géneros. Con medidas de este tipo no sólo se persigue "compensar la desventaja de las mujeres por lo que se refiere a las condiciones de acceso y participación en el mercado de trabajo" sino "avanzar hacia el desarrollo de la sociedad", dictaminó la UE.

“Se necesitan planes apuntalados por los gobiernos para que las mujeres no sólo asciendan a cargos de alta relevancia sino para que logren empleos dignos y salarios justos”.

La UE hace un seguimiento constante de este plan, pero los logros son lentos. En la revisión de febrero de 2005 se notó que las diferencias salariales entre hombres y mujeres se mantenían intactas así como la proporción de desempleo en uno y otro género.
 
Los retos
Algunos nombres en la escena mundial parecen dar cuenta de una reciente escalada femenina hacia el poder. Michelle Bachelet en Chile, Elle Johnson-Sirleaf en Liberia, Gloria Macapagal en Filipinas, Mary Mcaleese en Irlanda, Tarja K. Halonen en Finlandia, y Vaira Vike-Freiberga en Letonia conforman el cuadro de mujeres jefes de Estado en el planeta, quienes están acompañadas en la lista de liderazgo sólo por otras cuatro mujeres que fungen roles de primeras ministras. Pero en el mundo existen cerca de 198 países.
La realidad hace obvio que se necesitan planes apuntalados por los gobiernos para que las mujeres no sólo asciendan a cargos de alta relevancia sino para que logren empleos dignos y salarios justos.

Entre otras muchas cosas, hay que garantizar el reconocimiento de la responsabilidad compartida sobre los hijos y la familia entre hombres y mujeres. Los Estados deben garantizar educación sin restricción de géneros y abrir la participación femenina en oficios tradicionalmente de hombres; y revisar los sistemas de seguridad social, especialmente el de pensiones, para que respondan a las características de la mujer que, por sólo mencionar un aspecto, suele vivir más años que su compañero.

Algunos se atreven a señalar que será después de 2050 cuando se comenzará a sentir la equidad entre hombres y mujeres. Algo más de 40 años para revertir creencias y prejuicios, una carga cultural que le ha robado a las mujeres el manejo del mundo hasta hoy.

PLANETA FEMENINO | LA MODA DE HACER DIETA

83% de las estudiantes universitarias de Estados Unidos hacen dieta aunque no lo necesiten, reveló un estudio reciente.

44% de las mujeres que se encuentran en su peso ideal reportaron que comen menos para cuidar la línea. En total más de 110 millones de estadounidenses hacen anualmente algún tipo de dieta.


80% de las universitarias hacen dieta, pero sólo 19% hace el ejercicio necesario para bajar de peso y mantenerse en forma. Los especialistas aseguran que para que una dieta sea efectiva debe acompañarse de alguna actividad física que facilite la quema de grasa y la tonificación de los músculos. 

Angela Merkel | Al poder en Alemania

Además de ser la primera mujer en dirigir la Cancillería (o Presidencia) alemana, Angela Merkel es también la más joven. Merkel creció en Alemania del Este durante la ocupación soviética y en su juventud estuvo ligada a movimientos comunistas como la Juventud Libre Alemana. Fue educada en la ciudad de Templin y más adelante en la Universidad de Leipzig, instutución en donde obtuvo un título en Física. Desde 1978 hasta 1990, manteniéndose alejada de la luz pública, Merkel trabajó y estudió en el Instituto Centro de Química y Física de la Academia de Ciencias y se graduó con un doctorado en Física. Por un tiempo trabajo en química quántica.

Con la caída del muro de Berlín, en 1989, Merkel comenzó a involucrarse en la vida política de su   país. Siguiendo la primera (y única) elección en la República Democrática Alemana antes de la unificación, Merkel fue elegida vocero del Gobierno. En 1990, ya unidas las dos Alemanias, Merkel resultó electa para el Bundestag. Su partido, la Unión Demócrata Cristiana de Alemania, se unió con su contraparte en Alemania Occidental y formaron un gobierno de coalición. Durante el gobierno de Helmut Kohl, Merkel trabajó como ministra de la Mujer y, más adelante, como ministra del Ambiente. Kohl la adoptó como su protegida.

A pesar de que su partido tuvo muchos éxitos en el frente electoral, nunca pudo consolidar el control después de la salida del poder de Kohl y asimismo recibió un golpe severo a causa de un escándalo que surgió alrededor del financiamiento del partido que involucraba a varios altos funcionarios (incluyendo al mismo Kohl). Merkel se convirtió en una tajante crítica de Kohl y abogó fuertemente por un cambio de dirección del partido sin la participación de éste.

En el año 2000, Merkel se convirtió en la primera mujer presidenta de su partido.
A pesar de su popularidad entre el público alemán, Merkel no fue postulada como candidata a canciller en las elecciones de 2002. En esa ocasión, fue reelegido el partido del canciller Gerhard Schroeder. Durante el gobierno de Schroeder, Merkel fungió exitosamente como jefa de oposición conservadora. En el año 2005, su partido, ya recapacitado, sí la postuló para canciller, elecciones en las cuales resultó victoriosa.

 

 
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