JOSÉ RUBICCO HUERTAS
EL UNIVERSAL
Tradicionalmente, el torneo le ha sido esquivo a la selección
de Venezuela. Basta con dar una ojeada al histórico de
la Copa América para darse cuenta que la vinotinto termina
saliendo por la puerta trasera. Esta vez, puede ser diferente.
En los últimos diez años, el once nativo no ha
pasado de ser una mera comparsa en la competición: una
docena de reveses, tres últimos lugares y un penúltimo
puesto conforman un panorama que no haría pensar de manera
positiva ni al más furibundo y optimista hincha.
De hecho, Venezuela sólo ha logrado un triunfo en el
historial de la Copa: fue en 1967, a expensas del combinado
representante de Bolivia (3-0).
Sin embargo, el desempeño logrado por el elenco a cargo
de Richard Páez durante las eliminatorias mundialistas
de Alemania 2006, abre nuevas perspectivas de cara al evento
de mediados de 2007.
Las victorias logradas por Venezuela ante las selecciones
de Colombia y Bolivia, esta última una de las más
recordadas, luego que se labrara con tantos de José Manuel
Rey y Juan Arango, a los minutos 91 y 93, respectivamente,
para decretar un milagroso 2-1 en el Día de la Chinita;
la soberbia goleada a Uruguay, en el mítico Centenario
de Montevideo; un sólido triunfo ante Perú por 4-1
y un partido jugado de tú a tú frente a Argentina,
pese a perder por 3-2 en Buenos Aires, son indicadores de
las posibilidades ciertas con las que cuenta la vinotinto.
El hecho de jugar como local también puede terminar
de oxigenar a una selección venezolana, que tendrá,
no obstante que trabajar muy duro, sin margen de error, ante
rivales con un palmarés mucho más rico en resultados
satisfactorios.