Cada nuevo zarpazo en contra de la propiedad privada significa
una corrida de millones de bolívares en capitales que
buscan guarecerse fuera de Venezuela de la inflación
y los excesos que afectan el patrimonio de las empresas y
de las personas. El hecho de empujar al país a navegar
en aguas turbulentas no lo llevará a ningún puerto
seguro. Muy por el contrario, medidas que son adoptadas al
fragor de un verbo encendido, irreflexivamente, sin medir
consecuencias, disfrazadas con un barniz de legalidad, repercutirán
negativamente en toda la sociedad, castigando como siempre
ocurre a los sectores más vulnerables.
Desde variados escenarios se ha venido montando un cerco
que oprime y restringe la actividad privada, con leyes inconsultas
y enfocadas hacia el modelo económico en proceso, con
mayores cargas fiscales, controles e intervencionismo. Venezuela
es hoy el quinto país del mundo con la economía
más controlada y con mayores regulaciones, y este no
es ningún trofeo, sino una preocupante marca que aleja
a inversionistas nacionales y extranjeros, y eso significa
retroceso, descapitalización, reducción de la producción
y del empleo.
El país se construyó con la fuerza del emprendimiento
privado, la participación del capital foráneo, y
políticas de Estado incluyentes, con base en el respeto
a las libertades económicas y el derecho a la propiedad,
claves para el desarrollo económico y social. Ahora,
en aras de una supuesta justicia social se intenta liquidar
un aparato económico que costó décadas construir.
La pobreza no se enfrenta destruyendo ni restringiendo libertades.
La mejor vía para reducirla es difundiendo los valores
de la propiedad, promoviéndola, para que Venezuela sea
un país de propietarios de un pedazo de tierra, de su
vivienda, de su fuente de sustento, con libertad para autodeterminar
su vida, inclusive su derecho a la información y a la
recreación.
La incautación de los equipos de RCTV amparada por el
dictamen amañado del TSJ, se inscribe en ese frenético
modelo demoledor cuyos embates han sufrido otros sectores
económicos. Alertamos sobre el perverso precedente que
esa medida cautelar pudiera generar en contra del patrimonio
de empresas o de las personas, con la introducción de
recursos similares, lo que desataría además del
miedo un clima de anarquía. Con el pretexto de defender
los intereses difusos del colectivo la Sala Político
Administrativa del TSJ dictaminó que una institución
tome y utilice bienes de propiedad privada.
Lo más sorprendente es que el Comité de Usuarios
que interpuso el recurso rechazó el dictamen, desistió
del amparo porque no fue solicitado para ese propósito,
sino "para que se respeten los derechos a la información
y a la recreación que tienen los venezolanos". Está
claro que imperó la orquestación entre los poderes.
La indefensión de los ciudadanos crece frente a la impunidad.
En el sector residencial se han cometido excesos entre invasiones,
expropiaciones y confiscaciones de inmuebles y edificios,
y sus propietarios no han sido indemnizados. Más de 400
edificios han sido afectados y la lista llega casi a los seis
mil inmuebles invadidos, los más, por grupos organizados
que se lucran con la necesidad de los sin techo. Se insiste
así en el facilismo de desconocer los derechos de unos,
a quienes se sataniza, para intentar resolver la crisis habitacional,
mientras resulta más evidente la incapacidad del Estado
para construir soluciones por sí solo. Esa vía compulsiva
ha generado incertidumbre, desinversión y la contracción
del mercado.
No se puede pretender ocupar bienes de propiedad privada
sin que medie un proceso de expropiación. El sistema
establecido en la Ley de Expropiación por causa de Utilidad
Pública o Social, comprende las fases administrativas,
la etapa conciliatoria y el juicio expropiatorio. De manera
que toda acción distinta constituye un flagrante atropello
a los derechos de los venezolanos, una violación a la
Constitución y las leyes, y la forma de continuar socavando
las defensas del país.
gerardohd@ceinpro.org
Director General del Centro Inmobiliario Profesional (CEINPRO).