MARÍA GABRIELA MÉNDEZ
EL UNIVERSAL
VIP es un término odioso. Pero lo es más aún
cuando se descubre que en realidad esas siglas no significan
Very Important Person sino Very Idiot Person. Eso fue lo que
pensé cuando, habiendo comprado entradas por internet
el 14 de mayo para el juego del 7 de julio en Barinas -que
luego fue cambiado a Puerto La Cruz-, me vi sin información
de dónde podían estar mis entradas y en una cola
enorme bajo un sol de 42°, donde la única certeza
era una insolación.
Así comenzó ese sábado infernal en que jugaban
Chile y Brasil. Las entradas serían entregadas en la
sede de la Policía de Anzoátegui. El lugar no fue
escogido por azar, así se cuidaban de que algún
revoltoso, inconforme y sobre todo apátrida reclamara
más de la cuenta sus derechos.
Hicimos cola por más de cuatro horas. Un lujo, si se
tiene en cuenta la gente que estuvo el viernes desde las 8:00
am hasta las 8:00 pm esperando por las entradas que estaban
"por llegar" pero nunca llegaron.
Esa cola era lo más parecido a las que se hacen últimamente
para ejercer el derecho al voto: la gente hace amigos, se
solidariza, comparte agua y chucherías con sus vecinos,
se turna el banquito y ofrece un trocito de sombra de su sombrilla.
Así es el venezolano: incluso algunos la pasan bien.
Los que no la pasaban tan bien eran sin duda los que estaban
al inicio de la fila. Desde ese lugar podían ver la injusticia
en primer plano: personas que pasaban después de haber
pagado a los policías de la puerta. Frente a los reclamos
ellos respondían: "Es que van a poner una denuncia no
a buscar entradas". Hubiera sido buena idea disimular, pero
no hacía falta, igual nadie hace ni dice nada.
Lo más lamentable era ver a los policías revendiendo
entradas VIP en Bs 400.000, ahí, a la vista de todos.
Cuando le pregunté al comandante qué opinaba de
esa atrocidad dijo sin alterarse: "Yo compré entradas
para mi familia y como veo que no voy a poder ir las voy a
vender. Son mías, puedo hacer con ellas lo que quiera".
Definitivamente estos polianzoáteguis revendedores tienen
familias muy numerosas.
Los heladeros no tenían mucha variedad de sabores pero
sí de marcas de cerveza. Las vendían sin problemas
frente a la autoridad. Eso sí, cuando un policía
se dio cuenta de que uno de los de la cola tenía una
cava con cerveza casi lo mete preso: "Esto es una falta de
respeto, estar bebiendo frente a esta sede". Por suerte, un
desadaptado no se aguantó y dijo: "Falta de respeto es
que nos tengan aquí por horas y que pasen cinco personas
cada hora y media".
Un camisa roja que estaba varios puestos detrás de mí
obtuvo su entrada dos horas antes que yo y luego me ofreció
entradas VIP: "Si no te dan la tuya, me avisas. Tarek tiene
unas cuantas".
A las 3:35 la cola comenzó a avanzar. Una vez adentro
una oficial tomó nota de mis datos. Otro dijo: "Vengan
a las 5:00 a retirar las entradas". A esa hora una nueva cola
pero ahora bajo la lluvia. 45 minutos después finalmente
obtenía mi pase: el único comprobante que tenía
de haber hecho una compra por internet, aquel papelito que
imprimí de carambola, fue sellado con la estampa de la
autoridad. Otra señora puso con marcador negro "VIP"
y yo volví a pensar en las verdaderas siglas.
Allí no hay nadie a quién reclamar. DeLujo Promociones
nunca apareció a dar la cara, ni en sus oficinas en Caracas
ni en Puerto La Cruz. ¿A quién se reclama la desorganización
y la improvisación? Sencillo: a nadie. Lo más que
se puede hacer es compartir la rabia en la cola, comparar
penurias, situaciones insólitas y conformarse. Y es mejor
si se hace en voz baja porque algún policía puede
decidir no darte tu pase por estar criticando ese detalle
tonto que fue la entrega de las entradas a la "mejor Copa
América de la historia", por apátrida pues.
Una vez en el estadio, los Very Idiot Person -que pagamos
inocentemente Bs 158.000- recibimos la llovizna que no impidió
el techo, ese que no estuvo listo. Finalmente entendí
algunas cosas. Allí se veían por montones los asistentes
con una franela roja donde se leía: "Gracias a Chávez
y Tarek somos Copa América".