Orliuzka es el nombre muy feo de una chica muy bonita. Orliuzka
hace un esfuerzo que no suele valorarse, pero que merece una
estatua. Orliuzka, con su mismo nombre que tiene desde chiquita,
se levanta todas las madrugadas a las 4 para prepararse la
comida, bañarse, ponerse más bonita y montarse en
un autobús que la trae a Caracas antes de las 6 de la
mañana, aunque la hora de ingreso a su trabajo sea las
8:30. Orliuzka entonces, para aprovechar el tiempo, se va
con su nombre a la academia más cercana y aprende inglés
gud mornin jauaryú senkiu. Siempre es bueno aprender
inglés, te llames como te llames.
Si Orliuzka se llamara Sandra, igual tendría que hacer
toda esta pequeña odisea diaria, porque vive en nuestra
gran capital tercermundista. Orliuzka regresa todos los días
en autobús con su nombre apretado entre las miradas perspicaces
y las manos ágiles de varios Yórdanes y Winklemans.
A menudo, los viernes se queda en Caracas para rumbear con
sus amigos y a veces se enamora de Wilmer, tanto que está
a punto de saber que se embarazó hace una quincena.
Yusnaida, su hermana mayor la recibe el sábado con el
regaño acostumbrado: "Orliuzquita deja de jugar y
vigila las caraotas que tengo que lavarle la ropa a la señora
Sandra". Desde entonces Orliuzka la quiere y la admira,
porque la cuidó y la ayudó a ser la mujer que ahora
es. Por eso cuando sepa que lleva una niña en su vientre
va a querer ponerle de nombre Yusnaida. En honor a su hermana
que tanto ama. Pero no va a poder hacerlo. No van a dejarla.
Tendrá que llamarla, por ejemplo, "Sandra". Porque el
mundo está lleno de gente ociosa que no tiene nada mejor
que hacer que ponerse a prohibir por capricho.
Este no es un cuento necio, es una estupidez que no tiene
nombre.
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