MARÍA GABRIELA MÉNDEZ
EL UNIVERSAL
La mejor descripción de El Cerrito o Villa Planchart
la hizo el mismo arquitecto, el reconocido italiano Gio Ponti:
"Esta casa es como una mariposa que se ha posado en la colina".
La consideraba, de hecho, su obra maestra. Y no es casual
que sea una de las 10 casas modernas más bellas de todo
el mundo.
"En América es su obra más importante, es como
la gran obra italiana moderna", apunta Hannia Gómez,
quien se desempeña como curadora de la casa que se encuentra
en Colinas de San Román y que el próximo 8 de diciembre
cumplirá 50 años de haberse construido.
En ese tiempo es larga la lista donde se ha incluido: documentales,
artículos, en la película Señor Presidente
y hasta en el más reciente libro de Boris Izaguirre,
Villa Diamante.
Todo lo que hay en los 2.000 metros cuadrados de la casa,
cada detalle (el techo, la cerámica, las manillas de
las puertas y las puertas, los muebles, las obras de arte,
las vajillas) fue cuidado por su creador y por sus dueños,
Anala y Armando Planchart. "Cada cosa representa un lugar
de Italia o de su industria. Ponti quería que una obra
de él tuviese todo en la producción italiana del
momento. Salvo algunas obras de la colección, todo fue
traído de Italia y los diseños hechos por Ponti",
cuenta Gómez.
Lo más importante es que todo está catalogado.
Los planos, la correspondencia entre los Planchart y Ponti
-algunas con bellos dibujos- convierten a esta casa en la
obra con la mayor documentación posible sobre las ideas
que la gestaron.
Su valía está protegida por ser Bien de Interés
Cultural de la Nación, así como Patrimonio Italiano
Moderno en el exterior.
La historia de cómo Ponti diseñó esta casa
se inició en junio de 1953, cuando el matrimonio concertó
una cita en su taller en Milán. Antes de que apareciera
el arquitecto, el matrimonio recorrió el lugar maravillado
de conocer al editor de Domus, revista a la que estaban
suscritos.
Ponti los estaba observando y supo entonces que los Planchart
eran personas sensibles. El primer dibujo que hizo frente
a ellos fue una casa con arcos. "¿Le piace?", preguntó
el arquitecto. La respuesta de ella fue inmediata: "No" y
le explicó que querían una casa moderna. El segundo
dibujo, cuenta Gómez, ya se parecía a lo que fue
después la casa. "Ya sé lo que quieren", les dijo
y ahí empezó todo.
Lo que siguió fueron tres años de intercambio de
ideas, de visitas de Ponti (cuatro en total) y sobre todo
una sincera amistad que sólo terminó con la muerte
de Ponti, en 1979. Cuenta Gómez que Ponti vino por primera
vez en enero de 1954 y se enamoró de Venezuela y de la
gente.
Entre los requerimientos del diseño, cuenta Carlos Figueredo,
presidente de la Fundación Planchart y sobrino del matrimonio,
estaba una casa que desde cualquier parte de ella se pudiera
ver el Ávila; que no tuviera paredes y que la colección
de orquídeas estuviera adentro.
Los deseos se cumplieron: la casa tiene una vista de Caracas
de 360°, se puede ver el atardecer o amanecer incluso
desde el extremo opuesto y hay una línea de diseño
-"Vectores", los llamaba Ponti- que permite atravesar visualmente
la casa.
Ponti llamaba a los Planchart "los clientes ideales". "Decía
que en la arquitectura el padre es el arquitecto y la madre
son los clientes. Y que los clientes Planchart eran los perfectos
progenitores. Porque no le pusieron trabas. Tenían discusiones
amables, divertidas", cuenta Gómez.
Una de esas discusiones fue sin duda la de poner cabezas
de animales disecados, con lo que Ponti no estaba de acuerdo.
Así que el ingenioso diseñador inventó una
solución para que todos quedaran contentos: los "escondió"
en nichos que giran movidos por un motor y así pueden
exhibirse o no.
Ponti estuvo en Caracas durante el golpe de Estado que derrocó
a Marcos Pérez Jiménez. Figueredo relata que cuando
su tío le contó que habían metido preso a su
concuñado, Arturo Uslar Pietri, Ponti dijo: "Magnífico".
Ante el asombro de Planchart, el italiano le hizo ver: "Cuando
un gobierno empieza a arrestar a los obispos e intelectuales
es porque está caído". A los tres días La
Vaca Sagrada huía y en la Villa Planchart lo supieron
cuando vieron las luces de la pista.
En 1970, los Planchart crearon la fundación para que
a la muerte de ambos se convirtiera en un centro cultural.
En el acta está establecido que esa propiedad no se puede
vender. Ahora la Fundación mantiene vínculos estrechos
con la Embajada de Italia y con el Instituto Italiano de Cultura.