BEATRIZ CRUZ SALAZAR
EL UNIVERSAL
En la ciudad cualquier lugar es válido para hacer un
grafitti, pero mientras más arriesgado sea el proceso
de elaboración y su ubicación, más respeto
obtendrá entre los clubes de graffers los autores. Esta
máxima ha regido en la capital en los últimos años
y es quizás por esta razón que se ha perdido el
respeto a la propiedad pública y privada.
Es así que cualquier fachada o ventana de edificio,
acera, valla y hasta señales de tránsito se han
convertido en un lugar apto -mas no legal- para plasmar firmas,
dibujos y cualquier símbolo que represente a los crew
o clubes de grafiteros.
"Esa es la ciencia del grafitti, mientras más difícil
y más evidente sea, es mejor", cuenta INS, un joven de
21 años miembro del colectivo CMS (Cómanse Mis Sobras)
que cuenta con al menos 30 integrantes entre graffers, disc
jockey y breakdancers.
Muchos de estos clubes han surgido de la misma necesidad
de los grafiteros de asociarse para "combatir" contra otros
colectivos. Y es que en este género la competencia y
la pelea también es válida y es conocida como "beef".
"El beef es un pleito entre grupos, es cuando alguien pinta
encima de tu firma o de tu grafitti", explica INS, quien a
su vez agrega que uno de los beefs más fuertes se dio
el año pasado, cuando la ciudad se dividió en este
y oeste, y donde pasarse de esta frontera se considera una
afrenta.
Ciudad afectada
Para la urbanista Hannia Gómez, representante de la
Fundación de la Memoria Urbana, los grafittis representan
un abuso del individuo sobre el colectivo urbano. "El grafitti
es un acto criminal. Ahora que salieron los buhoneros del
casco central quedó en evidencia el desastre que han
generado por años las pintas que se dicen artísticas
y aquellas de tinte político", dice.
Gómez recuerda que en ciudades como Nueva York, el primer
síntoma del decaimiento y el vandalismo en ciertas zonas
de la ciudad era la aparición de grafitti. "Ha sido un
error considerarlo un arte, porque a cuenta de ese criterio,
se raya cualquier cosa, concreto, edificios, semáforos,
tanquillas... Esto es un atentado contra el orden visual y
contra la ciudadanía misma", agrega la especialista.
Asimismo, desde el punto de vista de esta urbanista, Caracas
necesita una limpieza profunda para recuperar su autoestima.
Opina que en las alcaldías existe mucha desidia en cuanto
al control y el mantenimiento del orden en las calles.
Pero lo cierto es que para los gobiernos municipales, limpiar
los grafitti resulta una gran inversión. Así lo
informó Octavio Salinas, director de Infraestructura
de Baruta, quien señaló que borrar el spray de obras
arquitectónicas de concreto como el puente de Las Mercedes,
cuesta BsF. 1.300 (1.300.000 bolívares) el metro cuadrado.
Salinas explica que al tratarse de obras de arte o estructuras
reconocidas por su valor arquitectónico deben emplear
a contratistas especialistas, lo cual incrementa los costos.
En el caso contrario, trabajan con los miembros de la División
de Mantenimiento de la Alcaldía.
Recuerda que a pesar que el año pasado se llegó
a un acuerdo con los grafiteros para que usaran dos paredes
ubicadas a pocos metros de los túneles de La Trinidad
para evitar el vandalismo dentro de esas estructuras, no se
cumplió el trato.
"El galón de pintura para cubrir 5 metros cuadrados
en los túneles cuesta BsF. 190, mientras que la lata
de disolvente sale en BsF. 40. Contando la mano de obra el
monto de recuperación puede llegar a BsF. 500", detalla
Salinas.
En Chacao también existen iniciativas con las que se
intentan contrarrestar los actos ilegales cometidos por lo
grafiteros. Según señaló Diana López,
de la dirección de Cultura, en este municipio se han
otorgado espacios en los que los jóvenes pueden plasmar
sus dibujos sin incurrir en el delito. Así lo hicieron
con el mural ubicado en el Mc Donald's de Chacao, al inicio
de la avenida Libertador.
bcruz@eluniversal.com