Transitar un domingo por la avenida Francisco de Miranda
a la altura de Chacao, cuando la mayoría de los locales
comerciales están cerrados, puede ser casi como una visita
a una galería urbana. Y es que son pocas las tiendas
de esta concurrida vía las que se salvan de no tener
un graffiti con una firma o "tag" en sus santamarías.
Esta situación se repite en avenidas como la Luis Roche
de Altamira, Andrés Galarraga, Libertador; Rómulo
Gallegos y también a lo largo de las autopistas y vías
expresas como la Valle-Coche, Prados del Este y la Cota Mil.
La razón: los graffiteros siempre buscan los lugares
más visibles y transitados para que sus pintas sean observadas
y reconocidas.
"En las transversales no vale la pena gastar pintura, porque
allí no se ve tanto como en una autopista", cuenta Rose,
un joven graffitero que lleva 5 años dejando su firma
en varios sectores de la capital.
En cuanto a sectores, entre el este y el oeste hay una clara
diferencia para los graffiteros. "En el este hay más
gente que pinta, porque hacia el oeste existen muchos más
barrios y cualquier pinta se puede tomar como personal", dice
Rose.
Asimismo, apunta que hacia el este es más común
ver graffitis ilegales y con "tags", mientras que en el oeste
predominan las composiciones ideológicas en murales y
lo artístico. "Los Ruices es quizá la zona más
rayada y hacia el centro no vale mucho la pena, por que los
borran más".
Entre vecinos y comerciantes el tema genera discrepancias.
"Ellos son como los perros callejeros, porque parece que van
marcando su territorio con esas firmas que ni siquiera se
entienden", dice Domingo Di Girolano, vecino de la Francisco
de Miranda.
Por su parte, María Baroni, dueña de un local comercial,
asegura que ya perdió la cuenta de las veces que han
pintado la santamaría. "Lo ideal es que todo estuviera
gris y uniforme. Hace como seis meses hicieron uno encima
de otro que ya había en la reja y ahí lo dejamos
porque no es tan feo", relata.BCS