Desde hace aproximadamente un año los graffiteros encontraron un lugar para hacer más visibles sus composiciones: las vallas publicitarias. Pero llegar hasta lo más alto de una torre para dejar un graffiti en la lona requiere algo más que valor.
"Nosotros llevamos nuestras propias escaleras, cuerdas y accesorios para hacer rapel. Así nos montamos para hacer los graffitis y además nos vestimos tipo pavitos, nada estilo hip-hop, para evitar levantar sospechas en la calle", comenta uno de estos jóvenes, quien asegura que la mejor hora es a partir de las 4:00 de la madrugada, pues hay menos vigilancia.
No obstante, lo que parece una simple aventura para los cultores del spray, ha generado una serie de gastos imprevistos en las empresas publicitarias. Antonio Tabarelli, vicepresidente de la agencia Style, informó que 20% de la facturación del año pasado se tuvo que invertir en trabajos que permitan bloquear el acceso de los graffiteros a las vallas. "En algunos casos hemos colocado cercos eléctricos o alambre de púas, pero en otras estructuras se tomó la decisión de retirar el servicio de caminerías que sirve a nuestros obreros", explicó.
El representante de Style asegura que 10% de sus vallas han sido rayadas, de un total de 400 unidades que poseen en la Gran Caracas.
Por su parte, Liz Barquero, gerente de Ventas de Publiext, informó que los quioscos también forman parte de las estructuras afectadas por estos grupos de graffiteros. Destacó que el año pasado tuvieron que reponer piezas en 50% de los pabellones que administran. "En 2007 tuvimos que atender entre 150 y 170 quioscos que habían sido graffiteados. Sólo una lámina de acrílico cuesta 100 mil bolívares, a eso habría que sumarle también la mano de obra y el costo de producción", dice Barquero.
En cuanto a las vallas detalla que una lona de aproximadamente 72 metros cuadrados puede costar millón y medio de bolívares y en pocas ocasiones el spray se puede borrar sin causar daños a la impresión. BCS