Los fundos zamoranos están lejos de garantizar la soberanía alimentaria. En El Charcote se iluminan con velas y el Pueblo Paraima no tiene más que caminos de tierra. Muchos vendieron y se fueron. Por Joseph Poliszuk
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San Carlos.- En casa de los Alviárez no hay medias
tintas. Si mañana hay que ir a la guerra para defender
al Presidente, no tendrán problemas en tomar un fusil.
Lo dicen ellos. Pero también dejan claro que están
perdiendo otra guerra: la de la soberanía alimentaria.
"Aquí no hay nada", lamenta Mercedes desde una de las
haciendas que el Gobierno expropió a principios de 2005.
Cinco años atrás llegó junto con su esposo
a lo que era la hacienda El Charcote y desde hace tres es
copropietaria de esas 12.150 hectáreas que hay en el
estado Cojedes. Ellos mismos lamentan, sin embargo, que los
conucos que el Ejecutivo ideó con la premisa de democratizar
la tierra están lejos de garantizar su sustento.
En los llamados fundos zamoranos no hay las "tierras y hombres
libres" que publicita el Gobierno. Al menos no en los seis
de Cojedes. En El Charcote, por ejemplo, no hay luz. Mucho
menos médicos o enfermeros. Las mejores viviendas son
de madera y bambú aunque abundan ranchos de cartón
y lata. Los más afortunados han construido pozos de agua,
pero las aguas negras y sanitarios son un lujo en una de las
haciendas emblemáticas que el Ejecutivo expropió
con el discurso de repartir la riqueza en la clase campesina.
Los días en El Charcote son calientes, y las noches
largas. Las velas y lámparas de gas, los retrasos en
la entrega de créditos y las denuncias que acusan a la
Guardia Nacional de sobornar los permisos para talar madera,
han ayudado a convencer a varios a revender las 15 hectáreas
que continúa adjudicando el Instituto Nacional de Tierras
a los que todavía tienen ganas de sembrar en ese lugar,
situado a 30 minutos de San Carlos.
"Aquí hay 'sancocheros'", denunciaba esta semana el
delegado del INTI para El Charcote, Richard Aguilera, en alusión
a los que sólo pasean por allí en vacaciones. El
funcionario admite que "queda 50% de los parceleros y ni siquiera,
porque muchos se han ido sin pagar sus créditos".
Añade que hay personas que piden créditos sin necesitarlos,
por lo que insiste en que los propios afectados tienen que
organizarse. "¿Cómo es posible que aquí haya
personas con quintas y carros en Barquisimeto y Tinaquillo?",
preguntó a los que el martes le demandaban créditos,
carreteras y un módulo de la misión Barrio Adentro.
Este no es un caso aislado. Al otro lado de Cojedes, una
valla en medio de la llanura dice que en el Pueblo Paraima
"Zamora vive y muere el latifundio". Bajo la sombra de ese
letrero, ubicado en lo que fue la hacienda de la familia Branger,
Anderson Guilarte denuncia que vive en un pueblo fantasma:
"Aquí vino gente que tenía casa, vendieron sus parcelas
por 2 y 3 millones de bolívares y se fueron".
Revendieron. Se trata de una práctica ilegal porque
el Gobierno no otorgó la propiedad de esos fundos, los
adjudicó para evitar las malas experiencias de otras
reformas agrarias. Es el mismo guión de otros casos de
la misión Zamora. En Juanmontey, cerca de Tinaco, había
200 asociados y "si quedan 80 es mucho", dice un funcionario
bajo el anonimato. Sólo en carne de res, cada año
salían 142.700 kilos de esas 2.577 hectáreas. Aunque
los campesinos acaban de cosechar 80 toneladas de maíz
allí, aún se produce más en el hato que dejaron
al propietario, Orlando Licón, a quien no han cancelado
esas extensiones.
Tres años después
César y Mercedes Alviárez son parte de los más
de 400 familias que siguen en El Charcote. Esperan por el
crédito que un año atrás pidieron para comprar
reses que les permitan aportar varios litros de leche y kilos
de carne al país.
El Ministerio de Agricultura y Tierras expropió El Charcote
en 2005. Desde entonces allí no producen carne. Las cifras
de la Asociación de Ganaderos del Estado Cojedes indican
que, sólo de El Charcote, 5.000 reses cada año salían
al matadero, lo que es 1.250.000 kilos de carne listos para
consumir. Se trata, según su presidente, Juan Manuel
Cabrera, de una hacienda que resolvía la demanda anual
de tres supermercados.
Basado en "garantizar el desarrollo endógeno y la seguridad
agroalimentaria", el gobernador de Cojedes, Jhonny Yánez
Rangel, decretó el 9 de diciembre de 2004 la intervención
de El Charcote y otras haciendas que después fueron parte
de las que expropió el Gobierno nacional. Han pasado
tres años desde entonces y hoy se produce menos carne.
Las cifras de la Federación Nacional de Ganaderos indican
que en 1996, 13,5 millones de cabezas de ganado alimentaban
a los 18 millones de habitantes que había en todo el
país. La población aumentó 11 años después
a 27 millones y las reses bajaron a 12 millones.
Cabrera no puede decir que el desabastecimiento es el resultado
de la expropiación de tierras, pero seguro de que los
fundos zamoranos han desaparecido la producción que anteriormente
había en varias haciendas, suma esta situación a
las causas que obligan a los venezolanos a recorrer establecimientos,
hacer colas o pagar sobreprecios a la hora de hacer mercado.
Sólo 35.000 de las 2 millones de hectáreas que
el Ministerio de Agricultura y Tierras ha entregado son productivas,
según el balance que Fedenaga concluyó en 2007.
No es que no haya nada. Los parceleros de El Charcote cosecharon
en diciembre 750 toneladas de maíz blanco y otras 414
del amarillo, pero ellos mismos creen que están muy lejos
de lo que prometía el Gobierno.
Aunque el MAT ignoró la solicitud que desde hace dos
semanas pedía un balance sobre los fundos zamoranos,
Aguilera, el delegado del INTI para El Charcote, advierte
que "la revolución no se hará en tres años".
En la gobernación de Cojedes, por su parte, no tienen
cifras sobre el cambio. Alfredo D'ascoli, redactor de los
decretos zamoranos, dice que "el Ejecutivo regional no puede
dar un balance porque el programa pasó a manos del Gobierno
central". De todas formas, cree que "ha habido un cambio social,
que ha ayudado a garantizar la justa distribución de
la tierra".
"¿Cuál es el rollo?"
Cuando inauguraba el primero de los fundos zamoranos, Chávez
anunció el 20 de noviembre de 2001 un modelo de viviendas
rural que facilitará a cada familia "una propiedad de
varias hectáreas, servicio de energía eléctrica,
vías de penetración...". Desde el asentamiento La
California, al sur de Táchira, decía que de nada
vale entregarle al campesino un papel mientras que no tiene
créditos y apoyo técnico. "Sería un engaño".
En el Charcote juran, entretanto, que el engañado es
precisamente el Presidente.
"Estamos avanzando", asegura Ferboss Quintero. "Pero lentamente".
El miembro del consejo comunal del sector Flor Amarillo de
El Charcote advierte que "es necesario instalar electricidad
y más aún vías de comunicación porque
en invierno no hay forma de trasladar la cosecha cuando el
agua inunda las parcelas".
"Aquí hace falta un Aló Presidente", añade
Mercedes Alviárez. La vecina de El Charcote quisiera
que los jalones de orejas que Chávez dio el domingo pasado
se repitan por Cojedes. Le entró un fresquito cuando
el primer mandario pidió al ministro de Agricultura,
Elías Jaua, y al presidente del INTI, Carlos Loyo, renunciar
si no se sentían capaces de desarrollar el campo.
"¿Loyo cuál es el rollo?", preguntó Chávez
el domingo. "Explícale al país por qué aquí
a cinco kilómetros, a 10 kilómetros de la capital
de Barinas, donde hay carreteras asfaltadas, sistemas de riego,
energía eléctrica, tierras tipo uno, tipo dos, todavía
nosotros, una revolución, permite que haya tierras ociosas?".
El agro sigue en primera plana. Aunque el Gobierno insiste
en que hay acaparamiento, la producción nacional de cualquier
forma es insuficiente. "80% de las caraotas las estamos importando,
y la leche y la carne", lamentaba Chávez hace una semana.
Los productores han reiterado desde el año pasado que
recuperar el sector tarda años. El olmo no da peras.
jpoliszuk@eluniversal.com
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