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Lorena García
Un estilo de vida
Esa abogada cambió las leyes por las especias. El descubrimiento de su verdadera profesión sucedió en Miami, ciudad que se convirtió en su centro de operaciones
Con su carisma y entusiasmo como bandera, Lorena García emprendió un recorrido por países de Asia y Europa, donde conoció, de la mano de algunos chefs destacados, los secretos del mundo de la gastronomía      (Cortesía Lorena García) (Cortesía)
Con su carisma y entusiasmo como bandera, Lorena García emprendió un recorrido por países de Asia y Europa, donde conoció, de la mano de algunos chefs destacados, los secretos del mundo de la gastronomía (Cortesía Lorena García)
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MAYTE NAVARRO  
EL UNIVERSAL

Recientemente fue noticia porque la seleccionaron para que estuviera en una de las celebraciones más populares de Miami,  el Festival de la Calle Ocho, donde cocinó para un gran número de personas. Su participación  contó con el patrocinio de una empresa transnacional dedicada a la alimentación. El nombre de esta venezolana cuya vida gira entre el mercado y el restaurante: Lorena García, quien como otros tantos cocineros, llevaba escondido su deseo de ser chef pero no lo había descubierto, por eso estudió Derecho en la Universidad Santa María, en Caracas.

No había fiesta familiar donde ella no se encargara de preparar lo que se serviría a los invitados, y lo hacía con mucho placer. "Reunirme con mis seres queridos para disfrutar de una buena comida es algo que siempre me llenó de satisfacción" aclara.

Entre fiesta y fiesta obtuvo su grado de abogado y no dudó en viajar a  Estado Unidos, donde, además de aprender inglés completaría su formación profesional, optaría por el título de  asistente legal. Pero, como en todo acto de amor, pudo más el sentimiento. Lorena dejó colgados los libros sobre leyes, tomó la filipina, los cuchillos y se inscribió  en la escuela de artes culinarias de Johnson & Wales University.

Sus ideas estaban claras, para aprender a cocinar hay que conocer de comida, entonces, en un acto que podría compararse a las aventuras de Anthony Burdain, emprendió una gira mundial por los países con la mejor reputación gastronómica. Francia, Italia, Japón, Corea, Tailandia y China. En cada lugar se topó con algún chef importante y a cada uno de ellos le robó un secreto.     

Las cartas estaban echadas. El siguiente paso sería  abrir su propio local. Primero fue Food Café y posteriormente Elements Tierra, ambos situados en el Design District de Miami, con un menú que fusiona la cocina latina y la asiática. Entre sus recetas menciona las costillas de cordero con salsa chimichurri de cilantro.

Sus amigos la describen como carismática y entusiasta, una mujer con empeño, que constantemente se reta a sí misma. Ese carácter la llevó a la televisión. Su agradable imagen la colocó como presentadora de los programas Vida Gourmet, en Gems Network, también apareció por el canal Casa Club TV y en Univisión Radio. Su última incursión mediática la bautizó con  su nombre: Sazón con Lorena García en Utilísima.  

Ella sabe que uno de los grandes placeres de la vida es comer, pero hay que saber hacerlo. Por eso se preocupa por la salud, especialmente la de los niños, y a través de sus conocimientos culinarios ha emprendido una tarea, ardua y con proyección a futuro, combatir la obesidad infantil. Por eso desarrolló el programa Big Chef, Little Chef (Gran Chef, Pequeño Chef). Se trata de actividades integrales que pretenden ayudar a los pequeños y a sus familias para que aprendan a controlar  los hábitos alimenticios y modifiquen su estilo de vida. Un programa eminentemente educativo. "Está dirigido a todas las edades y difunde los beneficios de una vida saludable", dice.   

Lorena García asume así otro reto en su vida, donde la cocina deja de ser el todo y  forma parte de eso que se llama estilo de vida. Muchas firmas comerciales han puesto sus ojos en ella. Firmó un contrato con la vinería Baywood Cellars y tiene una serie de productos  con su nombre y el apoyo de las tiendas Belk Departments. Lo último: "estoy trabajando en un libro de recetas que publicaré este año".


Y QUIÉN DIJO QUE EN NUEVA YORK NO HAY TEQUEÑOS
Los restaurantes venezolanos asentados en la Gran Manzana sacian la curiosidad de los neoyorquinos  y la nostalgia de la diáspora criolla que habita o viaja a Nueva York. Con platos exóticos para unos y caseros para los otros, van apoderándose del paladar. Los tequeños ya compiten con las empanadas de cazón, el asado negro y el pabellón. Los sirven por raciones y forman parte de una lista que pareciera no tener fin. El menú bilingüe explica y traduce cada plato. Impresiona al llegar a las bebidas que inaugura una extensa versión de cómo se puede tomar el café. Desde el tradicional negrito hasta el desprestigiado americano comparten el mismo espacio.  Y si se prosigue leyendo, los ojos se salen de órbita porque anuncia, en negritas, Frescolita (venezuelan soda pop) y hasta Cerelac, con lo que alimentaban en Venezuela a los que eran bebés en los años 50. Los codiciados tequeños ya circulan por gran parte de la geografía norteamericana y hasta se han establecido fábricas.
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Comentarios
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francis marquez
27.06.2008 | 3:33 PM
La primera vez que la vi fue en su programa "Sazón" y me encanto su energía , su humor , su sencillez para explicar las recetas, ¡¡¡tenia que ser venezolana me dije!!!, es una combinación unica de ingredientes crillos...
 
Ignacio Plaz-Juanes
30.04.2008 | 4:56 PM
Me complace ver a una linda venezolana en un escenario internacional. Una vez me tropece con el restaurant Element en Miami y quede muy sorprendido de la calidad. No sabia que eras tu la Chef. Ahora entiendo porque tan buen cocina!
 
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LA OPINIÓN
Recuerdos de ají dulce

¿Cuáles son los sabores ?¿Qué se llevan nuestros chefs de aquí que los hace ser únicos y exitosos en el extranjero?¿Cuáles son esos sabores que penetran la memoria, se instalan allí para siempre y salen a relucir en cada preparación?Hay platos inolvidables.
No hay cosa que detone un recuerdo de manera más vívida e inmediata que algo que hayamos percibido a través de los sentidos. En el caso del gusto, los buenos recuerdos vienen de la mano de buenos sabores. Y esos buenos recuerdos de esos buenos sabores son parte del equipaje que se llevan nuestros cocineros al exterior. La cocina de las mujeres de sus casas, porque en Venezuela tradicionalmente, y hasta hace poco, eran las mujeres exclusivamente quienes cocinaban.

Los chefs venezolanos se han llevado al extranjero esa sazón casera que deleita. Esa  sazón poco pretenciosa, pero auténtica y exquisita. Esa sazón de los sofritos y guisos que constituyen la base de toda buena comida venezolana. Ajo, cebolla y pimentón. Y por encima de todo, ají dulce y cilantro en abundantes cantidades, porque ese dicho de que "bueno cilantro, pero no tanto" aquí en Venezuela no es verdad. El cilantro se usa generosamente y junto al ají dulce constituye el toque único y lo que distingue a nuestras comidas, sabores y texturas.

Nuestros sabores han tomado al mundo. Dondequiera que han llegado lo han hecho para quedarse. La clientela de nuestros chefs en el exterior es mayoritariamente local. Por eso los cocineros de otros países han incorporado nuestros ingredientes a sus recetas. Un mandil catalán que estuvo hace un tiempo de visita en Venezuela descubrió y se "enamoró" del ají dulce, que desde entonces forma parte importante de todos los platos que prepara. Hoy en día tiene como una de sus especialidades la mousse de ají dulce que inventó cuando estaba aquí.

Las recetas de familia son un activo importante de todo cocinero venezolano. Recetas que no tienen nada de raro que hayan sido de la bisabuela, quien a su vez las heredó de una tía abuela. Ellos conocen, experimentan y han mejorado la receta de las hallacas de sus abuelas. La del pastel de polvorosa de las primas. La del chupe de la madrina. La de la torta melosa de la tía. La del quesillo de la vecina. La del dulce de cambur de las tías abuelas. No en balde los libros de cocina más populares en Venezuela son los de recetas caseras.

Nuestros hombres y mujeres de los fogones tienen también fresca la memoria y conocen el poder de las "ricuritas" institucionalizadas, como el Ponche Crema, la Harina Pan, el Toddy, los chocolates Savoy y El Rey y los tequeños de Festejos MAR.

Hablando de postres, estos merecen mención especial.  Mi papá decía que somos un pueblo empalagoso y empalagado ¡Con toda razón a los postres los llamamos "dulces"!  Cuando nuestro joven chef Alejandro Luna llegó a encargarse del Chocolate Bar del Hotel Langham de Boston, el número de postres se duplicó. Azúcar, azúcar y más azúcar. Chocolate venezolano, el mejor del mundo.

Estoy segura de que estos venezolanos que han tenido éxito lo han alcanzado porque han sabido explotar su memoria sensorial para replicar los sabores de sus recuerdos y así crear nuevos recuerdos en sus comensales. Y estoy segura también de que ese "toque" se debe principalmente al uso del cilantro y del ají dulce en los platos salados y a ponerle mucha azúcar a los postres.

Si tuviéramos que definir el sabor de nuestros recuerdos, estos llevarían mucha azúcar, mucho cilantro y mucho ají dulce... ¡los ingredientes del éxito de nuestros chefs!.