Con la rendición de Nelly Ávila Moreno, alias "Karina",
las FARC han sufrido su cuarto golpe en menos de un año.
La primera gran baja dentro de la guerrilla más antigua
de América Latina se dio en septiembre de 2007 con la
muerte del jefe rebelde Tomás Medina Caracas, alias "Negro
Acacio".
Como si la guerra estuviera representada en un tablero de
ajedrez, el segundo líder de las FARC, Raúl Reyes,
cayó abatido el 1 de marzo, seguido tres días después
por Iván Ríos, también miembro del Secretariado,
que fue asesinado por su custodio.
Entre muertes, capturas, deserciones, pago de recompensas
y ataques militares, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia (FARC) han entrado en un proceso de decadencia y
fragmentación que las mantiene acorraladas y que se evidencia
en su estrategia de encontrar apoyo y protagonismo en gobiernos
extranjeros, según documentos del PC de Reyes.
Así lo sostiene el analista y consultor político
Rafael Guarín, profesor de la Universidad del Rosario
de Bogotá, quien agrega: "La entrega de Karina representa
el éxito de las estrategias militares de la política
de seguridad democrática y el Plan Colombia del gobierno
de Álvaro Uribe".
Hasta hace 10 años las FARC estaban en capacidad de
realizar ataques hasta con mil hombres a su disposición,
pero con el proceso de modernización del Ejército
colombiano desde 1998 (con el ex presidente Andrés Pastrana),
y que se consolidó en 2002 (con Uribe), el escenario
cambió radicalmente.
Datos del Ministerio de la Defensa colombiano revelan que
de las 15.407 personas que decidieron dejar las armas y reintegrarse
a la sociedad desde agosto de 2002 hasta abril de 2008, 9.228
pertenecían a las FARC y 2.051 a la guerrilla del Ejército
de Liberación Nacional (ELN).
"Colombia ha transformado su concepto de derrota de hace
30 años, porque antes se buscaba la rendición total
de la guerrilla. Ahora lo que se busca es doblegar la voluntad
de lucha de las FARC, de tal manera que no se excluya una
mesa de diálogo, sino que ésta sea útil para
no usarse como estrategia de ataque", dice Guarín.
Cuando Karina dice que "prefiere la cárcel a la selva.
Ya no tiene sentido la lucha armada", esta mujer, con 27 años
dentro de esa organización, encarna el resultado de las
presiones militares; del discurso por una lucha fuera de la
clandestinidad; la falta de comunicación desde el Secretariado
y los problemas internos sobre el verdadero sentido que tienen
hoy las FARC, asegura Guarín.
El Ejército sostiene que los rebeldes controlan 30%
de los cultivos de droga que se producen en el país,
convirtiéndose así en un grupo narcoguerrillero.
La regionalización
La desmovilización de mandos medios y el hecho de que
las fuerzas militares puedan ejercer presión efectiva,
"señala que las FARC se han regionalizado, pero no desintegrado",
indica Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para
el Análisis de Conflicto (Cerac).
"Donde los rebeldes están aislados, sus redes funcionan
con mayor eficacia, pero hay zonas como el Cauca o Antioquia
donde aún tienen mucha influencia y el Ejército
no puede repelerlos del todo, así que aún es muy
temprano para hablar del fin del conflicto", agrega el experto.
Restrepo coincide en que la presión militar ha funcionado,
y sentencia: "Existe ahora el riesgo de que el conflicto se
apueste en regiones marginales y es peligroso. Las FARC están
centralizadas, pero aún hay mucha oportunidad de reducirlas".