WILLIAM PADRÓN
ESPECIAL / EL UNIVERSAL
Una audiencia ávida de metal, proveniente de diversas
ciudades del país, se congregó el pasado domingo
en el Estadio Misael Delgado de Valencia, capital del rock
en Venezuela.
"Megadeth... Megadeth... Megadeth", no paraba de corear la
gente minutos antes de la salida de su líder Dave Mustaine,
personaje clave del trash metal contemporáneo por sus
eximias letras, destacable dominio de la guitarra y dueño
de parte de los riffs que han definido el metal durante
estos 20 años.
"Mi nombre es David, pero mis amigos me llaman Dave... ¡Pueden
llamarme Dave!", gritaría el vocalista a mitad de concierto
y en un memorizado español que lo llevaría más
tarde a justificarse: "No, mi español no es muy bueno,
pero lo practicaré".
"¡Volumen! ¡Volumen! ¡Volumen!", era la queja peremne de
los fanáticos, que vociferaban debido el precario y problemático
sonido de una banda de estadio acostumbrada a dignificar el
metal con sus clásicos temas.
Si Slayer y Metallica habían logrado pasar la prueba
dignamente en Venezuela, Megadeth, calificado por los críticos
como uno de los "cuatro grandes del trash metal" mundial,
falló en la contundencia de un sonido que los de su género
reclaman.
Lo de Megadeth fue una versión edulcorada que dista
mucho de los excesos y locuras que Mustaine suele agregar
a sus shows. La imagen del ser iracundo que exorciza demonios
sobre la tarima fue desplazada por la sobriedad y calidez
de un Dave aún alimentado por el ego rockstar que lo
mantiene en escena y que sus fans, bajo las nostalgia de su
carrera artística, anhelaron el domingo.
15 años de espera
En su mayoría el repertorio estuvo marcado por
los discos Rust in peace (1990): Take no prisioners,
Hangar 18, Tornado of souls y Holy Wars... the Punishment Due.
Del aplaudido Countdown to extinction (1992) interpretaron:
Skin o' my teeth, Sweating bullets, Symphony of destruction.
Y de su más reciente producción United Abominations
(2007) no faltaron Sleep-walker, Gears of war, Washington
is next y Burnt Ice.
"¿Saben cuánto tiempo hemos esperado por venir
a Venezuela? Hemos ido a Brasil y Argentina, pero nunca a
Venezuela", confesaba un Mustaine asombrado por la reacción
de un público que lo había esperado por más
de 15 años y que desde aproximadamente las 9:00 de la
mañana había hecho la cola de entrada bajo una lluvia
de cuatro horas. A sólo para asistir a un set de hora
y media.
Dave parecía estar al tanto de la política bolivariana
cuando presentó Washington is next: "Esta canción
haría que su presidente enloqueciera como lo hizo Bush
conmigo", dijo recordando las políticas del presidente
estadounidense en la guerra de Irak.
Chris Broderick (guitarra), Shawn Drover vestido con la camiseta
de la vino tinto (batería) y James LoMenzo (bajo), no
logran superan a decir verdad los días de Marty Friedman,
Nick Menza o David Ellefson.
¿Los grandes momentos del show? A tout le monde
se llevó el mejor de los coros. La sorpresa fue Sweating
bullets. Mientras que con Symphony of destruction
se logró un efecto estadio tal como en el DVD That
One Night: Live in Buenos Aires (2007). El final quedó
sellado también con la promesa del regreso. ¿Volverán?