CARACAS, martes 12 de agosto, 2008 | Actualizado hace
Finalmente cayó el telón del espectáculo mediático
que protagonizaron Juan Carlos de España y Hugo de Venezuela,
conocido universalmente como el "¿Por qué
no te callas?".
El show comenzó en noviembre pasado, en Santiago de
Chile, durante la "Cumbre Iberoamericana" y acaba de finalizar
en el Palacio de Marivent, en Palma de Mallorca, lugar de
veraneo de los monarcas y familia.
Pocas cosas con tanta repercusión ha hecho Juan Carlos
de Borbón como la de mandar a callar, dedo índice
en ristre, a Hugo Chávez, fastidiado por los balbuceos
defensivos de Rodríguez Zapatero y los insultos del venezolano
al ex presidente Aznar.
El Rey se extralimitó, se salió de protocolo
y generó riesgos para los objetivos de estas cumbres,
a través de las que España trata de fortalecer su
influencia y presencia en el continente, lo que es fundamental
para los intereses del país y de sus empresas.
Pero a la vez todo el mundo lo apoyó y se lo festejó:
era hora que alguien hiciera callar y le pusiera coto a los
desbordes histriónicos y verborrágicos de Chávez.
A partir de ese momento la imagen del comandante, ya
bastante abollada, inició un proceso de "caída libre".
Chávez reculó, se calló y quedó al desnudo
y todo eso no lo pudo arreglar con la sarta de insultos que
luego profirió contra el Rey, el gobierno y España
toda, desde el descubrimiento hasta hoy. Por eso no sorprende
que haya pedido la entrevista con Juan Carlos
y lo haya ido a visitar con las maños llenas: léase
petróleo barato. Hugo Chávez arregla todo con el
dinero de los venezolanos. Pero además invitó al
Rey a Venezuela, adhiriéndose de hecho a
las celebraciones por las " independencias" de las naciones
latinoamericanas, olvidándose de sus críticas
y dijo que se sintió "muy placentero" en
recibir una camiseta que es emblema de su momento de
mayor ridículo.
Sorprendió algo, en cambio, que el monarca recibiera
a Chávez, para lo cual hasta interrumpió sus
vacaciones de verano. Desilusionó a muchos. El obsequio
al visitante de la camiseta alusiva, la que aparentemente
le había regalado el ex presidente George Bush, puede
ser un buen broche de cierre para un mal sainete, pero resta
credibilidad sobre cómo se manejan las cosas
de la gente en los más altos niveles.
Hubo además razones de Estado. No sólo fue
para velar por el éxito de las "celebraciones"
independentistas, sino porque están en juego los intereses
económicos y los negocios de España y de sus empresas,
en cuya defensa es notoria la activa intervención
del gobierno y del Rey. Por otro lado, en época de crisis
-aunque Rodríguez Zapatero lo ignore- no está mal
un poco de petróleo barato a cambio
de asistencia y asesorías. A Fidel le ha ido bárbaro.
Hubo quienes vieron en Marivent un mero toma y daca. Visto
así y compuestas las cosas, sorprendió que pocas
horas después Chávez anunciara la nacionalización
de un banco español. El hecho, sin embargo, no generó
las protestas y quejas que otros casos similares provocan.
Quizás también era parte del acuerdo, constituyendo
una razón más para explicar la actitud de
Juan Carlos.
En realidad el Banco de Santander, dueño del Banco
de Venezuela que nacionalizará Chávez, hace
tiempo que quiere vender. El Santander está entre
los cuatro bancos mayores del mundo (no hace mucho
estaba en el numero 189 del ranking). Se le reconoce como
una institución que hace las cosas en serio. Ha concentrado
sus negocios en lo propiamente bancario -comercial; compra
bancos y se desprende de otras actividades: gestión
de activos, seguros, fondos mutuos, pensiones, o de tipo industrial
(celulares)- que cumplía en países de América
Latina y España y así minimiza riesgos y optimiza
resultados. Es lógico que no quiera seguir operando en
un país con un gobierno como el de Hugo Chávez.
Hace ya más de un año que está en la
gestión de vender y hace unos pocos meses
se le malogró la venta a un interesado privado.
Y ahora aparece Chávez, que al grito de "nacionalización",
va a comprar el Banco de Venezuela , incluso, de acuerdo con
lo poco que ha trascendido, a un precio mayor que el manejado
con el interesado anterior.
En conclusión, el rey Juan Carlos se desprendió
de la famosa "camisetita" que le había regalado Bush
y se la obsequió a Chávez, pero la de España
no la cede y la tiene muy bien puesta.
srivero@busqueda.com.uy
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