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Danilo Arbilla // La camiseta del Rey

Finalmente cayó el telón del espectáculo mediático que protagonizaron Juan Carlos de España y Hugo de Venezuela, conocido universalmente como  el "¿Por qué no te callas?".
El show comenzó en noviembre pasado, en Santiago de Chile, durante la "Cumbre Iberoamericana" y acaba de finalizar en el Palacio de Marivent, en Palma de Mallorca, lugar de veraneo de los monarcas y familia.

Pocas cosas con tanta repercusión ha hecho Juan Carlos de Borbón como la de  mandar a callar, dedo índice en ristre, a Hugo Chávez,  fastidiado por los balbuceos defensivos de Rodríguez Zapatero y los insultos del venezolano al ex presidente  Aznar.

 El Rey se extralimitó, se salió de protocolo y generó riesgos para los objetivos de estas cumbres, a través de las que España trata de fortalecer su influencia y presencia en el continente, lo que es fundamental para los intereses del país y de sus empresas.

Pero a la vez todo el mundo lo apoyó y se lo festejó: era hora que alguien hiciera callar y le pusiera coto a los desbordes histriónicos y verborrágicos de Chávez.  A partir de ese momento la imagen  del comandante, ya bastante abollada, inició un proceso de "caída libre".

Chávez reculó, se calló y quedó al desnudo y todo eso no lo pudo arreglar con la sarta de insultos que luego profirió contra el Rey, el gobierno y España toda, desde el descubrimiento hasta hoy. Por eso no sorprende que haya pedido la entrevista con  Juan Carlos  y lo haya ido a visitar con las maños llenas:  léase petróleo barato. Hugo Chávez arregla todo con el dinero de los venezolanos. Pero además invitó al Rey  a Venezuela, adhiriéndose de hecho a  las celebraciones por las " independencias" de las naciones latinoamericanas,  olvidándose de sus críticas y  dijo que se sintió  "muy placentero" en recibir una camiseta  que es emblema de su momento de mayor ridículo.
Sorprendió  algo, en cambio, que el monarca recibiera a Chávez, para lo cual  hasta interrumpió sus vacaciones de verano. Desilusionó a muchos. El obsequio al visitante de la camiseta alusiva, la que aparentemente  le había regalado el ex presidente George Bush, puede ser un buen broche de cierre para un mal sainete, pero resta credibilidad sobre  cómo se manejan  las cosas de la gente en los más altos niveles.

Hubo además razones de Estado. No sólo fue  para  velar por el éxito de las "celebraciones" independentistas, sino porque están en juego los intereses económicos y los negocios de España y de sus empresas, en cuya defensa es notoria la activa   intervención del gobierno y del Rey. Por otro lado, en época de crisis -aunque Rodríguez Zapatero lo ignore- no está mal un poco de petróleo    barato a cambio de asistencia y asesorías. A Fidel le ha ido bárbaro.

Hubo quienes vieron en Marivent un mero toma y daca. Visto así y compuestas las cosas, sorprendió que pocas horas después Chávez anunciara la nacionalización de un banco español. El hecho, sin embargo, no generó las protestas y quejas que  otros casos similares provocan. Quizás también era parte del  acuerdo, constituyendo una razón más para  explicar la actitud de Juan Carlos.

 En realidad el Banco de Santander, dueño del Banco de Venezuela  que nacionalizará Chávez, hace tiempo que  quiere vender. El Santander está entre los cuatro bancos mayores del  mundo  (no hace mucho estaba en el numero 189 del ranking). Se le reconoce como una institución que hace las cosas en serio. Ha concentrado sus negocios en lo propiamente bancario -comercial; compra bancos y se desprende de otras actividades:  gestión de activos, seguros, fondos mutuos, pensiones, o de tipo industrial (celulares)-  que cumplía en países de América Latina y España  y así minimiza riesgos y optimiza  resultados. Es lógico que no quiera seguir operando en un país con un gobierno como el de Hugo Chávez. Hace ya más de un año  que está en la  gestión de vender   y hace unos pocos meses se le malogró la venta  a un interesado  privado. Y ahora aparece Chávez, que al grito de "nacionalización",  va a comprar el Banco de Venezuela , incluso, de acuerdo con lo poco que ha trascendido, a un precio mayor que el manejado con el interesado anterior.

En conclusión, el rey Juan Carlos se desprendió de la famosa "camisetita" que le había regalado Bush y se la obsequió a Chávez, pero la de España  no la cede y la tiene  muy bien puesta.

srivero@busqueda.com.uy


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