CARACAS, miércoles 13 de agosto, 2008 | Actualizado hace
Venezuela vive hoy una compleja situación de crisis
en lo político, jurídico, social y económico
que socava las bases de nuestra democracia. El tejido social
del país está fracturado: un gobierno con legitimidad
en las urnas está usando el mandato popular conferido
en las elecciones de diciembre de 2006 para vulnerar derechos
ciudadanos que posibiliten el acuerdo en torno a la letra
de la constitución. En Venezuela una porción del
país le quiere imponer a la otra su proyecto político
haciendo un uso elástico de la legalidad. A punta de
decretos y concentrando progresivamente poder, se viene conformando
un cerco legal que vulnera lo fundamental de derechos democráticos
de los ciudadanos.
El comunicador social, como actor de esa realidad, se ve
afectado en el desempeño de sus funciones. Hoy en día
no cuenta con el ambiente idóneo, ni la seguridad física
ni jurídica que le permita ejercer cabalmente su profesión.
De acuerdo con lo que establece la Ley de ejercicio del periodista
en su Artículo 34, un comunicador en democracia debe:
“Ajustar su actuación a los principios de la ética
profesional y a la defensa de los derechos humanos, de la
paz entre los pueblos, de la libertad de expresión al
servicio de la verdad y la pluralidad de las informaciones”.
Hoy más que nunca la sociedad venezolana demanda un
periodismo combativo, íntegro, apegado a la verdad, sin
concesiones. Comprometido con la defensa de la democracia
y la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela.
Los comunicadores sociales venezolanos tomamos la palabra
para denunciar que
Por mandato constitucional el Estado tiene la obligación
de no excluir a ningún ciudadano. Por lo tanto, las instituciones
públicas no pueden estar al servicio de parcialidades
políticas, como ocurre actualmente con el uso, continuo
y permanente, de los recursos y medios oficiales con fines
proselitistas. Denunciamos que estas acciones constituyen
una política de gobierno, clara y definida, dirigida
a privilegiar a sus seguidores y a excluir a todo aquel que
se manifieste en contra. Esto constituye una acción discriminatoria
y una forma de censura oficial que atentan contra la plena
libertad de expresión y de información de la sociedad
venezolana.
Las leyes tienen como fin último la aplicación
de justicia. En el caso venezolano, la Ley Orgánica de
Telecomunicaciones, La Ley de Responsabilidad Social en Radio
y Televisión; y, el Código Penal vigente son utilizados
por el gobierno con fines políticos. A través de
la Ley Orgánica de Telecomunicaciones el Gobierno abusa
de la transmisión de cadenas nacionales por radio y televisión,
práctica ésta que violenta el equilibrio informativo
e impone la censura sistemática. La Ley de Responsabilidad
Social en Radio y Televisión es aplicada en forma discriminatoria,
punitiva y selectiva contra medios privados pero de manera
benevolente con aquellos medios bajo el control gubernamental.
Rechazamos en forma contundente esta práctica. Igualmente
exigimos la revisión de los Artículos 223 y 226
del Código Procesal Penal actual que califican como delito
al vilipendio, tal y como fue ratificado por el Tribunal Supremo
de Justicia en la Sentencia 1942, decisión esta que contraria
las recomendaciones de la Comisión Interamericana de
los Derechos Humanos de la OEA.
Rechazamos igualmente el conjunto de leyes aprobadas por
vía habilitante porque desconoce la Constitución
y el Estado de Derecho porque fueron aprobadas a espaldas
del país, sin consultarlo, y porque incluyen normas que
ya habían sido rechazadas por el colectivo venezolano
en el referéndum del 2 de diciembre del 2007. Esta decisión
del Gobierno vulnera la voluntad del soberano.
En las difíciles circunstancias que vive la nación
exigimos que
El respeto, como principio básico de la democracia,
sea el fundamento de la relación entre periodistas y
autoridades. En consecuencia, rechazamos toda campaña
de maltratos y difamación con la cual se pretende amedrentarnos
e invalidar el ejercicio legítimo de nuestro trabajo
y su función social que garantizan al ciudadano su derecho
a estar informado. Por ello exigimos a los funcionarios agentes
del Estado y a los directivos de medios privados el cumplimiento
de lo establecido en la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela y en la Ley de Ejercicio del Periodismo,
en cuanto a respetar el derecho de los venezolanos de estar
informados y a expresarse libremente.
Exigimos el fin del silencio informativo, venga de donde
venga y rechazamos el hermetismo y ocultamiento deliberado
de la información pública. Se impone terminar con
el régimen del apartheid en el que se privilegia a los
periodistas de medios oficiales y oficialistas en la cobertura
de eventos de carácter gubernamental y se excluye a aquellos
que trabajan para otros medios.
Instamos igualmente al sector privado a establecer políticas
de transparencia informativa y de coherencia en sus postulados
organizacionales. Los periodistas no tienen porque verse afectados
por las decisiones editoriales de turno y los intereses del
medio que afecten su independencia profesional.
Hacemos un claro y contundente llamado a poner fin a la violencia
en todas sus expresiones, casi siempre auspiciada de forma
evidente desde las más altas esferas del poder. El marco
descrito afecta terriblemente al país en el aspecto político,
social jurídico y que se refleja en la inseguridad ciudadana.
Exigimos el respeto al derecho a la vida y rendimos un homenaje
a todos aquellos periodistas caídos durante el ejercicio
de la profesión, víctimas de la violencia generalizada
e inseguridad social que vive el país.
Convención Nacional de Periodistas
Caracas, 9 de agosto de 2008
1.2. Nacional y Política. Dedicarse a resolver los problemas que aquejan a los venezolanos, en especial el de la inseguridad; en lugar de buscar acumular "mayores cuotas de poder" exigió a los gobernantes del país el presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor Ubaldo Santana.
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