| Caracas, martes 02 de septiembre, 2008 Opinión |
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Chávez se propone conservar el poder si puede y hasta donde más no pueda Al finalizar mi escritura sobre nuestra historia del siglo XX y acerca de la década iniciada a su término, quedé persuadido como nunca antes sobre la naturaleza sinuosa del régimen hoy imperante en Venezuela. Su calificativo es de difícil fijación, por cuanto lo observamos a la luz de sus testimonios y acciones y sólo en el marco de la experiencia conocida. Mas, sean cuales fueren éstos, lo único cierto es que Hugo Chávez se propone conservar el poder si puede y hasta donde más no pueda, al precio que fuere y para ejercerlo con la fruición de los déspotas, así José Miguel Insulza crea lo contrario. Han sido tantos sus atropellos que en la suma se pierde la cuenta y la capacidad para relacionarlos. Lo más fácil es el borrón y cuenta nuevas y la consideración del último dislate como si fuese el primero. De allí que cada vez que este gendarme del siglo XXI dicta decretos leyes bajo la mirada complaciente de la escribanía palaciega que es nuestro Supremo Tribunal, los analistas, al rompe, regresamos a lo habitual: deshojamos las normas de aquéllos para saber si son o no constitucionales o si esconden o no un contrabando dictatorial. Y basta. No dudo que esta actitud -que ha sido la mía- tenga su explicación en un "defecto profesional" propio a nuestra madura "sociedad" democrática: mirar el día a día tras el lente de las leyes para medir a cada asociado de la polis en sus afectos o desafectos por la democracia. Pero lo cierto es que se trata de un ejercicio ya inútil y hasta tramposo, pues nos mantiene paralizados de voluntad creadora y nos transforma en médicos forenses o cronistas de tragedias consumadas. ¡Que Chávez es marxista, no es la cuestión! Él reconoció serlo en su libro Habla el Comandante, en 1998. Luego lo negó como Castro negó ser comunista en 1959. ¡Que adora a Fidel, nunca lo ha ocultado! Lo visitó al apenas abandonar la cárcel de Yare y allá, en La Habana, juntos sellaron su matrimonio político. ¡Que nunca creyó en la vía electoral y luego la asumió a conveniencia, es una verdad del tamaño de un templo! ¡Y que medra frustrado por saber que perdió su derecho al uniforme de soldado -de allí que reformara recién la ley militar para volver a ser militar activo por voluntad propia- ni qué dudarlo! Tiene arrestos que lo llevan a creerse redentor de la Humanidad, lo que no debe sorprender. La historia de tanto en tanto pare a estos sujetos inicuos, quienes en medio del delirio sumen a sus pueblos en catástrofes inenarrables. Fascista, comunista, autócrata, dictador militar, gendarme, pequeño caporal o cabito al mejor estilo de Cipriano Castro, Comandante en Jefe como Juan Vicente Gómez o líder de otro Ideal Nacional que llevará la grandeza de Venezuela hasta todos los rincones de la tierra como lo soñó Marcos Pérez Jiménez, eso y más es Chávez de conjunto, pero no es lo importante. La diferencia entre él y los regímenes que en el pasado oprimieran a nuestro pueblo y su libertad en nombre de los más puros ideales, es que avanza hacia el comunismo de manos de los cheques del capitalismo y su autocracia la instaura a fuerza de manipular votos. El resto, el Socialismo del Siglo XXI o el arrumado de papeles producido por esta suerte de "demoautócrata" durante su "década de plata" y a la espera de su "década de oro" (2010-2020), como la Agenda Alternativa Bolivariana, el Plan de Desarrollo Económico, la Agenda Bolivariana de Coyuntura, La Nueva Etapa, o los Cinco Motores de la Revolución que impulsaran la Reforma Constitucional Socialista, no son sino eso: papeles que como río sin madre nos venden su gobierno a perpetuidad. Nada menos. Lo que cabe, pues, es poner de lado el diagnóstico e imaginar una alternativa más propia del mundo tecnológicamente globalizado, pero que dé respuesta afectiva y efectiva al lastre de exclusiones que arrastra tras de sí y en su anomia de coyuntura. Por lo pronto, en medio del caos y hasta que no se procure construir seriamente otro modelo e institucionalidad extraños a la circunstancia o a la polaridad improductiva en vigor, el espacio lo seguirán copando estos traficantes de ilusiones; que eso son Chávez, Morales, Correa, y pare de contar. La vuelta a la realidad de sus víctimas habrá lugar una vez se agote el espectáculo de estos histriones; pero las carencias de aquellas regresaran de nuevo y otro brujo se les hará presente, su falta una opción veraz y movilizadora. Urge otro proyecto democrático digerible, moderno e inclusivo, que sea la imagen del hombre de a pié y que venga atado a su dignidad inmanente; que no sea, como en el pasado, expresión arquitectónica del Estado, de nuestros partidos, de nuestros candidatos, por buenos o males que hubiesen sido o todavía nos parezcan. Así de elemental.
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