CARACAS, viernes 09 de octubre, 2009 | Actualizado hace
Woody Harrelson no sería un buen zombie. Después de todo, él es vegetariano y no comería ni una sola hamburguesa. Así que es bueno que en la nueva película, "Zombieland", él no interprete a un zombi. Aun así, sus hábitos alimenticios les dificultaron las cosas a los productores.
"Mi personaje está buscando el mejor alimento que, para él, no es otro ser humano, sino un Twinkie", explica el actor, de 48 años de edad, entrevistado por teléfono desde un hotel de Los Ángeles por el New York Times. "A mí no me gustan los Twinkies. Tampoco consumo azúcar o lácteos. Cuando finalmente rodamos la escena en la que como un Twinkie, tuvieron que darme uno falso, hecho especialmente con harina de maíz".
"Eso podría inducir una saludable revolución en los Twinkies."
Entonces, si Harrelson estuviera buscando el mejor alimento mientras se acaba el mundo, ¿cuál sería?
"Yo buscaría mangos," afirma. "O aguacates. En verdad sería muy difícil decidir entre los dos."
En "Zombieland," un virus ha convertido a la mayor parte de la humanidad en monstruos caníbales. Harrelson interpreta a un tipo duro de vencer, llamado Tallahassee, un solitario a quien le gusta exterminar zombis con el enorme arsenal que carga en su camioneta. En su búsqueda de Twinkies, se topa con Columbus (Jesse Eisenberg) y las hermanas Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin). Los cuatro deciden a regañadientes formar equipo para esquivar a los muertos vivientes y, finalmente, encontrar un lugar donde estar a salvo.
La crítica ya está diciendo que la cinta es un éxito inesperado y ha alabado la actuación de Harrelson como la mejor en muchos años, lo cual no deja de ser irónico, pues él estuvo a punto de rechazarla aún sin haber leído el libreto.
"Me enviaron el libreto de 'Zombieland' y yo no podía imaginar que fuera bueno", recuerda. "Déjeme ser totalmente franco con usted. Sólo fíjese en el título. Podría ser el de una película totalmente idiota".
Fue sólo la insistencia de su agente lo que lo hizo leer el libreto.
"Era una genialidad", indica. "No se trataba sólo de un baño de sangre. La película es divertida y los personajes son muy interesantes".
Así que él aceptó y poco después ya se estaba enfrentando a un ejército de zombies.
"Sí parecían zombies", asegura Harrelson. "Y era fácil ir tras ellos, pues lo único que yo tenía que hacer era pensar en el gobierno anterior de Estados Unidos. Esa sola idea me puso de un humor violento", declaró en exclusiva al New Tork Times.
El enfrentamiento decisivo en un parque de diversiones infestado de zombies abarcó tres semanas de rodaje nocturno, lo cual no es el concepto que tiene Harrelson de pasarla bien.
"Para mí es difícil estar despierto toda la noche cuando no estoy rompiendo las reglas", explica. "Cuando es obligatorio que me quede despierto es más difícil. Tres semanas de andar disparándole a los zombies y yo no sabía cómo se iba a ver eso en la pantalla. Pero la verdad, la hicimos muy bien".
En una escena poco convencional, el grupo vaga por Beverly Hills y se topa con la mansión de Bill Murray. Cuando le ven la cara, pálida y de facciones marcadas, suponen que es otro zombi y se disponen a matarlo... Aunque después descubren que así es él.
"Yo tuve mucho que ver con que Bill estuviera en la película", revela Harrelson. "Lo llamaba y no dejaba de atraerlo. Originalmente, nosotros íbamos a su casa y él era un zombie, por lo que lo matábamos. Pero encontrar a un Bill no contagiado fue mucho más gracioso".
Hace poco tiempo, Harrelson estuvo en una de las primeras proyecciones de "Zombieland" en Orange County, California.
"Pensé que las cosas podrían ser difíciles", admite. "Yo me pongo nervioso cuando veo mis películas en público, pero muy pronto ya estaba contento con ésta. La película corrió como un excelente concierto de rock, pero con muchas risas. Me dio la sensación de 'The Rocky Horror Picture Show' (1975)".
Él espera que el público esté de un ánimo más sombrío cuando vea su siguiente película, "The Messenger", que se estrena el 30 de octubre.
Harrelson y Ben Foster estelarizan la película como oficiales del ejército que tienen una tarea singular pero desagradable: decirles en persona a las familias de los militares que éstos murieron en el extranjero.
"Soy un oficial que notifica las bajas", señala Harrelson. "Fue un papel en el que me sumergí por completo".
Para prepararse para ese papel, Harrelson estudió fotos de hombres y mujeres que han sido bajas de guerra en Irak, informó el New York Times.
"Tuve que observar los rostros de jóvenes que murieron en Irak", recuerda, "y después no podía dejar de mirar. Eso me afectó muy hondo, pero me ayudó a entrar en la mentalidad del personaje".
"Ahora puedo imaginarme un poco mejor esta guerra", continúa el actor. "Es fácil decir que uno está contra la guerra o en favor de la paz, pero es importante verlo desde la perspectiva del guerrero".
"Soy un gran admirador de los hombres y mujeres que arriesgan la vida todos los días", afirma. "Sigo creyendo que esa guerra está totalmente mal, pero siento el máximo respeto por los guerreros".
Harrelson pasó su juventud en Lebanon, Ohio, donde creció en medio de una turbulenta vida familiar. A la fecha no quiere hablar de su padre, Charles Harrelson, quien está cumpliendo dos sentencias a cadena perpetua por el asesinato del juez federal John Howland Wood.
Quizá para escapar de la realidad de la vida, Harrelson gravitó hacia el teatro desde muy joven. Después de recibir un título en arte dramático en Hanover College, Indiana, se fue a vivir a Nueva York y pronto fue contratado como suplente en la producción en Broadway de "Biloxi Blues" (1985) de Neil Simon.
Pocos meses después se sacó la lotería al ser seleccionado para interpretar al despistado Woody en la serie de televisión "Cheers." El programa continuó hasta 1993 y, como decía la frase publicitaria de la serie, en Hollywood ya todos conocían el nombre de Harrelson. Pronto obtuvo papeles de reparto en películas como "Wildcats" (1986) y "Doc Hollywood" (1991).
Por cierto, Harrelson asegura que no hay nada de cierto en los rumores de que el elenco de "Cheers" se reunirá para hacer una película.
"Fue bueno mientras duró", afirma, "pero sería como espolonear a un caballo muerto".
"White Men Can't Jump" (1992), estelarizada por Wesley Snipes y él, demostró que Harrelson podía ser una atracción en taquilla y después tuvo tres éxitos seguidos, con "Indecent Proposal" (1993), "Natural Born Killers" (1994) y la película aclamada por la crítica "The People vs. Larry Flynt" (1996), que le generó una nominación al Oscar al Mejor Actor por su interpretación de Larry Flint, director de la revista Hustler.
"Afortunadamente, 'White Men Can't Jump' tuvo gran éxito de taquilla," dice. "Antes de hacer esa película, yo pensaba que ya estaba acabado. Pensé que podría ser corrector de pruebas, aunque ese trabajo no puede ser sencillo. Francamente, no sabía qué hacer. Sólo tenía muchas esperanzas".
Divorciado de la hija de Simon, Nancy, Harrelson ha estado casado desde 2008 con su ex asistente, Laura Louie. Viven en Hawai con sus tres hijas, Deni, de 15 años, Zoe, de 13 años, y Makani, de tres años de edad, a quienes él llama "la trilogía de diosas."
Y sí, él es el único hombre en esa casa.
"Tengo una perra y también gatas," explica Harrelson. "Pero tengo mucha suerte y ocasionalmente puedo entrar al baño. Me siento hundido hasta la cintura en una sopa feliz".
Podría parecer obvio que él fuera un padre duro, pero él insiste en que ése no es el caso de ningún modo.
"No soy el papá que impone disciplina", asegura. "No, no, nunca me podrían acusar de ser así".
"Creo que los niños son como hierbas: hay que dejarlos crecer", indica. "De hecho, ésa es una frase de una obra de teatro. Lo que quiero decir es que no les impongo mi perspectiva a las niñas. Quiero que ellas experimenten el mundo a su propia manera. No quiero contagiarlas con mi mentalidad".
En esa mentalidad también hay un activismo político en favor de diversas causas, como el movimiento pacifista, el ambientalismo y la legalización de la marihuana. Sin embargo, Harrelson no se considera obsesionado.
"Vivir en Hawai es el cielo, sencillamente", declara. "Me meto al agua todos los días y me olvido del estrés. A mis niñas también les gusta el agua. Yo quería criarlas en un ambiente que no fuera el de Los Ángeles. Este es un lugar más inocente para que ellas crezcan. Quiero darles la oportunidad de ser niñas".
También le ayuda que siempre puede encontrar algunos mangos ahí.
"Le digo que los mangos es lo mejor si el mundo se está acabando", afirma Harrelson. "¿Por qué no irnos sanos?".
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