Más de veinte años de labores y de entrega total en su misión internacional por salvaguardar al planeta, transforman a esta mujer en una verdadera heroína venezolana. Y es que el nombre de María Jesús Díaz, es uno de los que figura en la lista de personalidades que más han contribuido a la preservación de la paz en el mundo, reconocimiento que obtuvo gracias a su trabajo en el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de la Organización de Naciones Unidas, departamento que en el 2005 recibió el Premio Nobel de la Paz por sus aportes en la lucha contra el rearme nuclear.
"Todos sabíamos que el departamento estaba postulado y los rumores sobre la posibilidad de obtenerlo. Mohammed El-Baradei, abogado y diplomático a cargo del OIEA, nos reunió a todos los que trabajamos allí en la Junta de Gobernadores para darnos la noticia. Cuando entró, la ovación fue cerrada. Y pasó algo extraño: sentías que estabas aplaudiendo al que tenías al lado, y él te estaba aplaudiendo a ti, y a la vez aplaudíamos al director general", comentó María Jesús en una entrevista realizada tras la entrega.
Mary, como le dicen por cariño sus más allegados, se graduó de ingeniero químico en la Universidad Simón Bolívar. Al culminar su carrera comenzó a laborar en el Consejo Nacional para el Desarrollo de la Industria Nuclear, organismo adscrito al Ministerio de Energía y Minas. Allí dio sus primeros pasos como investigadora.
En 1985, tras la desaparición de ese departamento, acepta la invitación a un curso en el área nuclear en Austria, Bélgica y Alemania. Al terminar, regresa al país y labora unos años en Cadafe, desde donde parte nuevamente a la ciudad de Viena para ejercer el cargo de inspectora de Salvaguardias del OIEA.
Una vez en suelo austríaco, María Jesús Díaz inicia acciones en la verificación y control del material nuclear en las diferentes naciones del mundo, tarea que con los años se convertiría en su principal pasión.
En sus primeros años junto al Organismo, María Jesús visitó en calidad de inspectora países de América Latina, África y la antigua Unión Soviética, experiencia que según sus palabras resultó altamente enriquecedora debido a que muchas de esas naciones no eran firmantes del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, lo cual sin duda exigió de ella mayor compromiso, dedicación y habilidades para poder llevar a cabo con éxito su labor preventiva, basada principalmente en verificar que el material nuclear, medido en gramos de plutonio y uranio, no sea utilizado con fines bélicos. Ese es su objetivo y, tal como ella lo dice, lo seguirá siendo: a pesar de las diferencias entre países, se puede trabajar por un mundo libre de armas nucleares donde reine la paz. Ana Terán