Irreverencia al éxito. En 1985, Franz Conde decidió que "quería un futuro con título universitario, oficina y secretaria". Se inscribió en la Universidad Central de Venezuela y comenzó a estudiar Ingeniería. Pero el destino, y una prolongada huelga de profesores, le hicieron ver que su vocación no era estar detrás de un escritorio, con horario de 8 a 5, sino frente a los fogones.
"A lo mejor es normal en Venezuela querer ser chef, pero en 1985 y a los 17 años habría sido una sentencia al oprobio... La carrera gastronómica la tuve que improvisar por el camino, engullendo libros, y encerrado en una cocina 18 horas al día". Bajo la tutela de Armando Scannone, al que considera su maestro, aprendió la importancia de los detalles y "la incorruptible ética consigo mismo. La búsqueda incesable por lograr la excelencia. Suena sencillo, pero la determinación que requiere me acompaña desde entonces".
Su experiencia en lo que ahora es el CEGA fue menos grata y culminó con su expulsión. "Yo puedo tener un lado tremendamente independiente e irreverente que probablemente atentaba en contra de la unidad del grupo y creo que esto fue progresivamente irritando al profesor Lovera". Probó algunos fogones de Italia y Nueva York y, aunque consideró que no podría ser un buen chef en Europa, regresó a ella "en parte por escapar de Venezuela, pero también por el reto profesional. Mientras que en EEUU el éxito de un restaurante está ligado directamente a la inversión de capital en infraestructura y mercadeo, en Europa había -y quizás aún hay- la posibilidad de triunfar solo gracias al mérito profesional, ayudado por una crítica gastronómica decente y romántica".
En Darmouth, Reino Unido, abrió junto con su esposa, Elizabeth, el restaurante Aragua, que figuró en la Guía Michelin de 1999. Se trató de un proyecto del que conserva buenos recuerdos pero que también le otorgó "mi peor momento: sentado en una sala de interrogatorio en la policía por haber 'expulsado violentamente' a un comensal de mi restaurante. Eso fue tocar fondo en mi espiral autodestructiva que la ansiedad de la Guía Michelin me generaba".
Tras el cierre de Aragua y su paso por otros restaurantes, fue sous chef ejecutivo del Ciragan Palace, en Estambul. "Fue mi primera aproximación a lo que significa cocinar para reyes, jeques, celebridades y billonarios". Ahora ya tiene un año como chef ejecutivo del Hilton Amsterdam y espera estar allí "tres o cuatro años, que es el tiempo que toma para imprimir mi estilo en cada detalle". Aunque cree que "ya es muy tarde para volver" al país, extraña "los momentos perdidos cerca de los seres queridos. Las noticias de gente cercana que muere y que no puedo llorar o los nuevos bebés que se unen a la familia y no he podido conocer. Todos los primos, tíos y amigos que viven sólo en fotos de e-mail". CMT
Vecino de un ícono. Cerca de la Ciudad Prohibida, uno de los monumentos más visitados de Pekín, se encuentra un restaurante que se llama Tao Yuan, que en español significa Jardín de Luz. Su dueño, Antonio Ochoa-Piccardo. Y ¿qué se come allí?, pues aunque no lo crea se puede topar con una versión oriental de la reina pepiada. Está dedicado a la comida latinoamericana.
El dueño. Este venezolano se llama
Antonio Ochoa-Piccardo, quien fue arquitecto jefe de la empresa
Soho China. Víctor, su hermano, también es arquitecto,
tiene su propio estudio y está incorporado a ese boom
de la construcción en Pekín. Se fueron atraídos
por la explosión urbanística, tecnológica y
comercial de China.