Un arte que pueda erigirse como una de las voces de la cultura contemporánea ha sido en muchos sentidos el intento de Meyer Vaisman, un venezolano que encontró las raíces de su estilo en el conceptualismo. Aun así, resulta difícil ubicar actualmente su trabajo en alguna corriente determinada debido a la manera como conjuga conceptos y soportes, a la cercanía y vigencia de sus obras y la mirada irónica que sella cada una de sus creaciones con una marca propia e inconfundible.
Vaisman conquistó con trabajo y esfuerzo el peso de
un artista internacional de jerarquía. Desde hace dos
décadas no deja de figurar en la lista de creadores venezolanos
más importantes y su currículum de exposiciones
impresiona tanto por cantidad como por diversidad de propuestas.
Esculturas, ready-mades, collages, tapetes y caricaturas son
sólo algunos de los elementos con los que da rienda libre
a su experimentación plástica.
Este singular artista nació en Caracas en el año
1960. Sus padres son de una región de los Cárpatos
neerlandeses que pasó de las manos del Imperio Austro-húngaro
a las de Alemania y la Unión Soviética. Tras una
breve estancia en la que llegaría a ser la nación
de Israel, la familia emigró a Venezuela en 1952.
A la edad de 18 años, Vaisman aún no había descubierto la vocación que le daría oficio por el resto de su vida, por lo que empezó a estudiar Ingeniería en Miami. Pero los resultados deficientes que obtuvo en el transcurso de la carrera y la curiosidad que le inspiraba Nueva York lo hicieron reconsiderar su decisión y entrar a la escuela de diseño Parsons dos años después, en donde cultivó su interés artístico y entró en contacto con personas afines a sus nuevos objetivos.
En 1984 abre su propia galería de arte y en 1985 tiene su primera exposición individual. El comienzo del reconocimiento del público tras estos eventos fue a su vez el inicio de un largo camino artístico por recorrer.
Vaisman, reconocido por obras como La supervivencia de la
estructura (2003), Verde por fuera, rojo por dentro (instalación,
1996), Partes del pavo (1993) y la serie Summer suite (1989),
explora temas como el papel de la obra de arte en tanto objeto
de valor económico y transacciones y la manera en que
esto afecta la creación contemporánea, así
como la crisis y las relaciones inestables entre los elementos
que decide unificar en su plástica. Según él
mismo explica, no son necesariamente elementos que le gustan,
sino que son funcionales para expresar algo en lo que esté
interesado en el momento. Por esta razón considera que
su arte antes de ser un reflejo de la propia interioridad
se constituye por ser la manifestación de un colectivo
en el que está envuelto y que es ineludible. Leticia
Berrizbeitia
Sao Paulo. Bárbaro Rivas fue el primer pintor ingenuo que alcanzó notoriedad en Venezuela. Su trabajo llegó a la Bienal de Sao Paulo en 1957 y allí alcanzó fama internacional pues se le concedió una distinción, algo que hasta ese momento ningún venezolano había logrado. En el año 1996 va a esa misma bienal Gego.
Venecia. En esta Bienal, donde Venezuela
tiene un pabellón propio, construido por el arquitecto
veneciano Carlos Scarpa, han participado con éxito varios
artistas. Armando Barrios, Héctor Poleo, Jesús Soto,
Marisol, Carlos Cruz-Diez, Alejandro Otero, Omar Carreño,
Jacobo Borges, Luisa Richter, Roberto Obregón, Rolando
Peña, Víctor Lucena, Julio Pacheco Rivas, Víctor
Hugo Irazábal salieron exitosos.