La soledad es la compañera predilecta de Marisol, nombre con el que se conoce a esta escultora venezolana, quien cuenta con fama internacional, gracias a poseer un estilo propio. En un apartamento en Nueva York, habita junto a su perro Ichi, trozos de material abandonado que le sirven de insumos para su obra y un enorme silencio. Sin embargo, su fama de ermitaña no le ha impedido transmitir a través de sus obras las miserias humanas, las paradojas del poder, su admiración por los maestros del arte moderno y del renacimiento, y su desdén manifiesto por la aristocracia.
Marisol nació en 1930 en París. No recuerda haber tenido un lugar al que pudiera llamar hogar, pues pasó la mayor parte de su infancia recorriendo con su familia las ciudades más cosmopolitas de Europa y Estados Unidos.
Tras la muerte de su madre, en 1941, los Escobar regresan a Venezuela. Del país, recuerda que le asustaba la exuberancia del trópico, en especial el tamaño de los insectos y el hecho de que las cucarachas caraqueñas tuvieran alas, dijo en una entrevista dada a Ana María Escallon.
La artista cursó sus estudios en varios internados dirigidos por religiosas, fue en ellos donde se percató de que le aterrorizaban los convencionalismos y que no quería ser parte de la sociedad.
Después de estudiar pintura en la Jepson School, en Los Ángeles, se muda a París para continuar su formación académica en la Escuela de Bellas Artes. Las imposiciones de los profesores franceses le molestaban, así que en 1951 se trasladó a Nueva York. Allí estrechó lazos con el movimiento expresionista abstracto, abandonó la pintura y llevó a cabo su primera exposición individual en la Galería del marchante Leo Castelli, en 1958.
Un año más tarde se va a Italia para estudiar las obras del renacimiento y reevaluar sus metas como artista. Tras el año sabático, Marisol vivirá un período de alta productividad, en el cual sus obras serán adquiridas por importantes museos.
En los años 60, perfecciona su técnica para trabajar la madera y realiza sus primeras obras de ensamblaje, esculturas que combinan el uso de diversos materiales. También en esa década, es reconocida como integrante del movimiento Pop Art, no tanto por el uso de materiales comerciales en sus esculturas sino más bien por la patente crítica social que se percibe en sus obras y tal vez por mantener contacto con Andy Warhol, quien una vez la calificó como "la primera artista con glamour".
Desde entonces, produjo una colección que no encaja en los movimientos reconocidos por los críticos. Se podría decir que Marisol logró lo que siempre quiso: ser diferente. Rebeca Fernández