QUÉ POCO DE LA VIDA SABEN LOS QUE ESTÁN VIVOS. Tan poco que no saben que aun desde otro plano, aquellos que ya no están, mantienen su presencia viva, su espíritu, sus vivencias.
José Antonio Delgado es uno de esos venezolanos que fue capaz de borrar los límites de una frontera y de un gentilicio. Un buen día, con el morral al hombro, cargado de ilusiones y convicciones se embarcó en la ruta hacia las cumbres y desde allí nadie logró sacarlo, ni la propia muerte, que en un intento por destruir su obra, lo enalteció, regalándole la gracia, que pocos entienden, de mantener su camino a las cumbres, unas más agrestes, que requieren de una grandeza particular, esa que sólo un temperamento y una decisión como las de "Jose" podrían asumir.
Cinco de las 14 montañas de más de ocho mil metros de altura estuvieron bajo sus pies, incluyendo la mítica cima del Everest, la que le llevó al estrellato aquella mañana del 23 de mayo de 2001.
Pero desde mucho antes anduvo "Jose" entre senderos, conociendo culturas y dándole el valor a cada quien por lo que era, por sus dones, por sus capacidades.
Así entendió que el ascenso es mucho más que hacerse al camino por las sendas de una montaña que cambia de clima según se avanza en la escalada. Que ascenso podría ser incluso bajar hasta profundidades inimaginables o volar en caída libre con la sensación de un desplome controlado que encuentra freno en la conciencia de quien salta desde un avión en movimiento sujeto sólo a la canopia de un paracaídas. Por eso, por esa visión amplia, clara, especial, magnificada ante lo que para muchos no son más detalles sin capacidad de ser hilvanados, su "Ascenso" se convirtió en un reto para muchos que compartían con él, el concepto de la cumbre, de la cima, del logro.
Gracias a ese festival de fotos y video "Jose" congregó en una misma sala a un grupo de atletas que sólo sabe de aventuras, del riesgo, de la vida al límite. Un grupo, qué paradoja, que sigue creyendo en la vida y que vuelve, con ímpetu, a las cumbres que se trazaron en esa vida, que muchos les critican, pero que son demostración inequívoca de que es necesario conocerse y decidir que lo que se desea, si se trabaja con constancia y disciplina, se puede conquistar.
José Antonio, además de mostrar videos y fotografías,
fue capaz de convocar a jóvenes talentos para que se
involucren en ese mundo, incomprensible a veces, pero honesto,
consecuente con los deseos de libertad que cada uno, en algún
momento de la vida se trazó. Una libertad que le costó
golpes, cuando recogió firmas en su favor, y que le costó
al montañismo venezolano contar con un gran hombre, que
prefirió, aunque muchos no lo crean, vivir en otro plano.
AYM
Asnoldo Devonish sorprendió al mundo del atletismo en Helsinki 1952, en la disciplina de salto largo. Obtuvo la primera medalla olímpica en la historia del deporte venezolano, cuando se adjudicó el bronce con marca de 15.52 metros.
Francisco "Morochito" Rodríguez ilustre pugilista, se llevó la primera presea dorada olímpica en la historia del deporte nacional. Fue enla edición de México 1968. Arlindo Gouveia ganó oro en Taekwondo en 1992, siendo deporte de exhibición.
Adriana Carmona es la primera, y hasta ahora
única, doble medallista olímpica criolla. Se adjudicó
el bronce en el Taekwondo en Barcelona 92, como deporte de
exhibición, y en Atenas 2004.