AS DE LA FUSTA, hijo de una tierra pródiga de profesionales que han hecho del turf su vida, su pasión, su modo de vida. Javier José Castellano es parte de una élite de jinetes en Estados Unidos. Valiente como pocos, con estilo depurado, pero sobre todo, inteligente y calculador. Nacido en Maracaibo, el 23 de octubre de 1977, hijo de Abel, también jinete, su fuente de inspiración, todo un personaje que cuando niño se escapaba de la escuela y escondía los libros en las alcantarillas de las aceras para ir al hipódromo y probar como jockey, no dudó en seguir los pasos de su padre. En 1996 se inició en el hipódromo de Santa Rita, en el Zulia y tras una corta pasantía, obtuvo su matrícula para correr en el hipódromo La Rinconada, en Caracas hasta que en 1997 optó por abrirse a nuevos horizontes. Emigra a Florida, Estados Unidos, donde para el momento ya otros látigos venezolanos y latinos brillaban con fuerza. Rápidamente comienza a cosechar triunfos, el primero con Phone Man, el 31 de julio.
Dos años más tarde gana la estadística de la temporada de Tropical Park, en Calder, título que repitió en 2000, hasta que en 2001 muda su base de operaciones a Nueva York, la crema del turf. En su primer año, terminó sexto en el circuito de óvalos aledaños a la Gran Manzana y ya en 2003 y 2004 sumó a sus conquistas las estadísticas de los meets de invierno y primavera de Aqueduct, respectivamente. Ese último año fue especial en su carrera, al imponer a Ghostzapper en la millonaria Breeder's Cup Classic. "Él es un gran muchacho, un hombre de familia y un extraordinario jinete", comentó para ese momento Terry Meyocks, su suegro y ejecutivo de la National Thoroughbred Racing Association, ente rector del hipismo. Tan emocionante fue ese momento que Castellano atinó a a decir que "estoy demasiado excitado, tanto que no recuerdo qué hice al pasar la meta. Sólo sé que lo hice por mi padre".
El fusta se había levantado en el sillín y con el látigo apuntó al cielo, en honor a la memoria de su papá, asesinado en 2000, en el Zulia, cuando guiaba su taxi. Con el pasar de los años los triunfos de Castellano se repitieron una y otra vez, y en 2005 tuvo la oportunidad de correr su primer Derby de Kentucky, peldaño inicial de la Triple Corona del hipismo estadounidense, prueba que otro gigante criollo de la fusta, Gustavo Ávila, ganó en 1971, con Cañonero. Estuvo en los estribos de Bellamy Road, propiedad de George Steinbrenner, dueño de los Yanquis, pero el potro no se empleó y llegó séptimo. Sin embargo, en 2006, llegó su momento cuando impuso a Bernardini en el Preakness Stakes, segunda gema de la trilogía. En abril de 2007 pasó la barrera de los 2.000 triunfos en el Norte y ese año tuvo producción de $12.551.303 y ganó 168 carreras, noveno a nivel nacional, como miembro de un selecto grupo de triunfadores. JRH