Home
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
Johan Santana
Rascacielos en un montículo
Con dos Cy Young como el mejor lanzador de la Liga Americana en 2004 y 2006, el venezolano ratifica su calificación que lo coloca en la cima de su especialidad
Conocido como "el Gocho", por ser tovareño, Santana se ha hecho una superestrella del beisbol, aunque su tierra natal, Mérida, sea semillero de destacados futbolistas (Michael Cohen/Afp)
Enviar Imprimir Comentarios
(2) 36 votos
Votar
EFRAÍN RUIZ PANTIN 
PERIODISTA

Hay ciertos fenómenos en la vida que parecen inevitables. No importa los obstáculos que se atraviesen o las jugarretas del destino para detener los acontecimientos. Hay cosas que pasan porque tienen que pasar.

El ascenso de Johan Santana hasta los rascacielos de Nueva York, donde mira al resto de la Tierra como el pitcher mejor pagado en la historia del beisbol, es una de ésas.

Santana nació en Tovar, estado Mérida, el 13 de marzo de 1979. Ese fue su primer obstáculo. No hay que ser un erudito en deporte venezolano para saber que los gochos juegan fútbol, no beisbol. Ni un solo merideño -hasta que llegó Johan en el año 2000- había jugado en las Grandes Ligas.


Pero Tovar era un pueblo particular. Muchos de sus hombres bajaron en los años 30 hasta el lago de Maracaibo para trabajar en las compañías petroleras. Allí aprendieron el juego de pelota, que luego se llevarían a las montañas. Un sacerdote, que fue a ese recóndito lugar de Mérida para dar clases, también era aficionado al beisbol.


Esas son las vueltas que explican cómo aquel pueblo se fue impregnando con el deporte del bate y la pelota. Se jugaba tanto, que varios equipos de otros lugares del país se acercaron para medirse a los lugareños. Uno de esos visitantes fue un negro de Barlovento llamado Jesús Santana. Nunca se devolvió. Conoció a Hilda Araque, se casó y formaron familia. Casualidades de la vida.


Burguillos, como le decían a Jesús, era un tremendo campocorto y Johan -el segundo de cuatro hermanos- creció admirándolo. El gen del beisbol se había traspasado. Desde muy pequeño, empezó a jugar con el equipo Chiquilines, ahí en Tovar.


El pequeño y delgado zurdo no empezó su carrera como pitcher, sino como jardinero central. Soñaba con ser como Ken Griffey Jr. y Rickey Henderson. En esa posición fue creciendo. Cuando cumplió 14 años ya había representado varias veces a Mérida. No era un gran bateador ni tampoco demasiado veloz, pero sí tenía un brazo poderoso.


Eso fue lo que le llamó la atención a Andrés Reiner, scout de los Astros de Houston, cuando vio a Johan en un campeonato nacional en Valencia. Le gustó tanto, que a pesar de que sus jefes le habían ordenado no gastar ni un centavo en rastrear jugadores se montó en su carro y se fue a buscar a aquel zurdito hasta Tovar.


El problema es que no tenía la dirección y en casa de los Santana el teléfono parecía no funcionar. En efecto, la situación económica de la familia no era muy buena y se lo habían cortado. Reiner no bajó la guardia. Preguntando por aquí y por allá, dio con la casa. Otra valla que se había sorteado.


Santana se fue con Reiner a practicar con los Astros durante unos meses en la academia del club en Guacara, un suburbio de Valencia. Fueron días duros. Incluso, estuvo cerca de tirar la toalla, porque además debía estudiar. Pero las palabras de su padre y de Reiner lo convencieron de seguir.


Finalmente, firmó su primer contrato profesional, no como jardinero sino como lanzador zurdo. Así podría explotar todo ese poderío de su brazo izquierdo.


Le fue bien desde el principio. Sus números en ligas menores daban señas de talento. En 1999, los Astros decidieron no protegerlo en su roster de 40 y permitieron que los Marlins se hiciesen con sus servicios el 13 de diciembre de 1999. Ese día lo cambiaron a los Mellizos de Minnesota. Cinco años después, era el mejor pitcher del beisbol.

MEDIAS BLANCAS, UN EQUIPO QUE CELEBRA A LA VENEZOLANA
Corría el año de 1956, ya Alfonso "Chico" Carrasquel era ídolo en la Ciudad de los Vientos y debió ceder su lugar en el campocorto a un compatriota, Luis Aparicio, quien agradeció el gesto llevándose el premio al Novato del Año. Chicago celebró. En 1985, cuando ya el "Chico" comentaba para las transmisiones radiales de Chicago y era oficial su butaca en el Comiskey Park, otro venezolano, con un juego vis-toso y caribeño volvió a prender la fiesta, Oswaldo Guillén, también fue Novato del Año. El 11 de agosto de 1991, en el Memorial Stadium, de Baltimore, Wilson Álvarez, también con el uniforme de los Medias Blancas lanzó su único juego sin hits ni carreras, primero para un venezolano. Chicago volvió al festejo. Sin embargo, la mayor fiesta de Chicago en los últimos ochenta años, se vivió en octubre de 2004, cuando de la mano de Oswaldo Guillén, el equipo, que ya sabía de celebraciones a la venezolana, alzó el trofeo de la Serie Mundial. 
PUBLICIDAD
 
 
Participa
envíanos tu comentario. 
 
PUBLICIDAD
ELPROTAGONISTA
Johnny Cecotto

CAMPEÓN DE CAMPEONES es el calificativo que salta de inmediato cuando se trata de este portento del motociclismo y del automovilismo, quien hizo desvelar a una generación de venezolanos para escuchar de madrugada sus emocionantes carreras por radio.

Fue a principios de la década de los setenta cuando se comenzó a escuchar el nombre de Cecotto, un irreverente piloto de larga cabellera que literalmente dejaba parados a todos los rivales que le tocaba enfrentar en las pistas venezolanas.

Acicateado por los títulos obtenidos a nivel local en 1973 y 1974, cuando siendo un adolescente colocó su motocicleta en lo más alto del podio, decide al año siguiente tomar parte en la legendarias 200 Millas de Daytona. Allí partió en la última casilla con una rudimentaria Yamaha privada. Poco a poco fue recuperando posiciones ante motociclistas que le superaban abiertamente en experiencia, hasta que finalmente logra pasar la meta de tercero. Lo más significativo de la espectacular remontada fue que pudo superar limpiamente nada menos que al italiano Giácomo Agostini, ícono viviente del motociclismo universal.

De allí en adelante la carrera de Johnny Cecotto fue en ascenso. Por supuesto el siguiente paso era Europa, la cual virtualmente se puso a sus pies cuando logró ganar el Grand Prix de Francia en dos categorías. Siguió acelerando a fondo hasta conquistar el título mundial de los 350cc con apenas 19 años, convirtiéndose en el más joven en la historia en hacerlo.

El recibimiento en Maiquetía luego de su cruzada mundialista en 1975 todavía se recuerda. Miles de aficionados en motocicletas y autos lo acompañaron de La Guaira a Caracas en una caravana triunfal que no tiene parangón.

En 1976, ya con el apoyo oficial de Venemotos y la marca Yamaha, Johnny regresa al Daytona 200 donde gana luego de protagonizar una enconada batalla con Kenny Roberts.

Al año siguiente se corona en los 750cc, reafirmando su leyenda como uno de los pilotos más aguerridos de todos los tiempos.

Fue en 1980 cuando da el salto al automovilismo, concretamente a la Fórmula 2 Europea, donde se labra un camino que le llevaría a la máxima categoría del automovilismo mundial: la F1.

El 13 de marzo de 1983, en Brasil, hizo su debut en la F1 con el modesto equipo Theodore-Cosworth. Ya en su segunda carrera se metía en los puntos, logrando ubicarse en la sexta posición en el GP de Estados Unidos disputado en Long Beach.

En Brands Hatch, Inglaterra, protagoniza un feroz accidente del que sale con múltiples fracturas en ambas piernas. Estas lesiones lo alejan definitivamente de la F1. Recuperado regresó a la competición en el Turismo Europeo donde siguió cosechando éxitos. AC

 LOS PIONEROS
Astros del fútbol

Stalin Rivas fue el primer futbolista venezolano cuyo pase fue comprado directamente por un equipo de primera división en Europa. Fue el Standard de Lieja en 1994.

Giovanni Savarese marcó el primer gol en la historia del New York Metrostars (hoy Red Bulls) en la MLS estadounidense. De hecho, Savarese marcó los primeros ocho goles del equipo en 1996. En 2007 fue exaltado al Salón de la Fama de la USL, un equivalente a la segunda división del fútbol norteamericano.

El Deportivo Italia Es hasta ahora el único club venezolano en haber ganado en suelo brasileño. Fue al Fluminense (1-0) en 1971, en el mítico estadio Maracaná.