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Juan Arango
El mejor del nuevo milenio
En Maracay empezó a forjar la zurda más importante de los últimos tiempos del fútbol venezolano. Su nombre recorrió el mundo entero y colocó la bandera nacional en lo más alto.
El criollo sintetiza todo el poderío de un jugador talentoso y tocado con la varita de los elegidos. Su fútbol es el símbolo de una Venezuela que crece a su ritmo y aspira a mucho más. El Mundial es el objetivo 	(Eduardo Morales/Efe) (Ricardo Mazalan/AP) (Cortesía Diario de Mallorca) (Jaime Reina/AFP) (Cortesía Juan Arango) (Paulo Pérez Zambrano)
El criollo sintetiza todo el poderío de un jugador talentoso y tocado con la varita de los elegidos. Su fútbol es el símbolo de una Venezuela que crece a su ritmo y aspira a mucho más. El Mundial es el objetivo (Eduardo Morales/Efe)
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OCTAVIO SASSO 
EL UNIVERSAL

Primer hat trick (tres goles en un mismo juego) de Juan Arango en la Liga Española
El fútbol era quizás el único deporte de conjunto que carecía de un gran ídolo en nuestro país. En Maracay nació y se crió la gran figura de los últimos tiempos: Juan Arango.

De origen muy humilde, como casi todos los fenómenos futboleros del continente americano, Arango empezó a caminar en medio de tierra, piedras y alguna pelota de cartón. Ahí y con el balón entre ceja y ceja, empezó a soñar con graduarse de estrella y con vivir para cansarse de gritar goles por todo el mundo.

Junto a su tímido carácter se fue ganando poco a poco un espacio. Apenas pisó una cancha de verdad, su caminar y su forma de tratar la pelota, rápidamente mostraron que era distinto. Todo aquel que lo vio jugar sabía que estaban viendo a uno diferente, al mejor de todos.

Su estampa y calidad eran suficientes para probar suerte en el extranjero y por eso, casi de manera inmediata, se mudo a México a donde su fútbol llegó para quedarse.

Mientras consolidaba su juego en tierras aztecas y sacaba pinceladas de su enorme talento, se calzaba la vinotinto como cualquier otra y empezaba a mostrar su liderazgo. Ya los grandes momentos parecían quedarle pequeños y la gloria lo seguía esperando.

El país lo vio crecer de la mano de esta nueva generación. Todos empezaron a soñar con ser como él y se colocaron el apellido en sus espaldas con la ilusión de algún día poder cargar ese mismo compromiso y tener la oportunidad de conseguir logros similares.

Arango hizo temblar a la nación con gestas inolvidables. Goles y goles que fueron inflando el pecho de cada uno de los integrantes de esta tierra. Decir su nombre era ya una referencia que quedaría marcada eternamente en la memoria colectiva de todos los criollos.

Momentos brillantes como aquella tarde en Barranquilla, cuando Colombia lloró y cayó a sus pies. El zurdazo infinito que se coló en un ángulo y permitió el festejo interminable de todos.

Si alguien tenía que ser recompensado, era él. Por eso, el destino lo marcó y le entregó un pasaje a la mejor liga del mundo. España y la isla de Mallorca lo esperaban con los brazos abiertos y con la clara idea de convertirlo en un ídolo del club.

Su infinito talento no sólo lo sufrirían los suramericanos sino que ahora lo llorarían los grandes clubes hispanos. El Real Madrid o el Barcelona, lo vieron desfilar por sus propias casas con el irrespeto de un nacido para ganar.

Pero a Arango la vida le daría un susto que paralizaría al país. Jugando contra el Sevilla, recibió un fortísimo golpe que lo dejaría inconsciente y fuera de sí. El mundo temió por él, pero las energías y las fuerzas del pueblo venezolano sirvieron para levantarlo de la cama y verlo de nuevo jugar en cualquier lugar.

Hoy el destino le presenta un nuevo reto. La vinotinto le entregó la gran responsabilidad de ser su capitán, dentro y fuera de la cancha. Todos esperan que Arango sea el guía de un camino muy complicado que tiene por objetivo final, la Copa del Mundo. 

La historia todavía le tiene un libro abierto. La leyenda apenas comienza y le da las herramientas necesarias para seguir siendo el mejor. Al menos ya consiguió algo que muchos criollos intentaron hacer y nunca lograron. En cualquier rincón del país, se puede escuchar a un niño decir: "Quiero ser como Juan Arango".


REINALDO STORY, EL PRIMER CRIOLLO EN JUGAR EN EL EXTERIOR
A pesar de que Venezuela no se ha caracterizado por ser un país exportador de jugadores de fútbol, la lista de jóvenes que han militado en clubes del exterior comenzó a escribirse en los años 50. Jesús García Regalado, secretario general de la Federación Venezolana de Fútbol e historiador por excelencia del balompié nacional, le hace un guiño a su memoria y recuerda: "El primero de todos fue Reinaldo Story. Fue un arquero que luego de los Juegos Panamericanos del año 51 se fue a jugar al Junior de Barranquilla unos partidos amistosos que se disputaban en aquella época". Story no sólo estuvo en Colombia sino que después de ese periplo, tomaría vuelo hacia el Sur del continente para enrolarse en las filas del Almagro de Argentina. Junto a él, otro pionero, Franklin Arien. Un criollo que en el año de 1955 se iría a jugar al fútbol a Portugal y luego a España, donde vivió  e hizo gran parte de su vida. Fueron ellos los que abrieron el camino a las generaciones que hoy caminan por el resto del mundo.
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EL PROTAGONISTA
Marcus Tobía

Expedicionario, Docente y ahora hombre de televisión. Marcus Tobía se asume simplemente como un hombre feliz con lo que hace, "y si eso repercute en que sea famoso, o exitoso, pues qué bien". El director de deportes del Colegio Humboldt tiene más de 25 años dedicado a la montaña, forma parte de Proyecto Cumbre, el equipo venezolano de expediciones que ha conquistado, entre otros, la cima del monte Everest y los polos Norte y Sur del planeta. Su fama es relativa y nacional.

Relativa porque "hay mucha gente exitosa que no es conocida por la gente de su urbanización, e imagino que habrá gente que no sabe quien soy yo", y nacional porque aunque muchos de sus logros, o al menos los más sonados, los ha conquistado fuera de las fronteras del país, su nombre está más bien ligado a las hazañas del deporte -no tradicional- local.

Pero Marcus es más que un expedicionario que se plantea retos personales, que luego quiere convertir en colectivos e individuales a través de innumerables conferencias o de los libros (este año debe editarse uno sobre la travesía a los polos) o de los documentales. Es un personaje que trasciende en el ideal de la aventura y del conocer diversas culturas. Es un maestro, que transmite a sus alumnos disciplina y constancia, y por ello han sido capaces de ganar torneos internacionales organizados por los colegios vinculados con Alejandro von Humboldt. Pero hay más, la necesidad de mostrar su amor por la montaña lo llevó, en estos años, a organizar grupos de estudiantes para ir a las cumbres y también, en compañía de Martín Echevarría, estructura expediciones para "aficionados", que salen del país a conocer las bondades de los senderos especiales de Nepal, India, Pakistán y también, ¿por qué no?, los Andes.

Así va, por la vida, con el sueño de estar siempre en la cumbre, con el sigilo propio de aquel que sabe que cada gota de su esfuerzo es necesaria, y por ello no lo malgasta en banales pretensiones.

Su imagen, de expedicionario conocedor de culturas y realidades ajenas a Venezuela, fue requerida por los productores del programa Ecos, que se transmite en Venezuela y otros países de Latinoamérica a través del canal por suscripción Sun Channel, para dar a conocer las maravillas de pueblos y ciudades venezolanos. Esa es otra ventana que se abrió en la vida de este personaje, que mientras prepara detalles logísticos para la travesía a Groenlandia, sueña con convertir su finca, en el páramo andino, en el refugio Sagarmatha, una palabra en sánscrito que significa Diosa Madre de la Tierra, en el que pretende, mientras la vida se lo permita, enseñar más de la vida ligada a la montaña a los jóvenes de Venezuela y el mundo. Alfredo Yánez Mondragón